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De simulación y apropiación de conceptos: una visión corporativa para el manejo de residuos

De simulación y apropiación de conceptos: una visión corporativa para el manejo de residuos

#DiasdelFuturoPasado Volumen ocho

El primero de febrero en Minatitlán. Veracruz, el Gobierno Federal que encabeza el señor andrés manuel lopez obrador (en minúsculas) presentó su “Visión integral hacia una gestión sustentable: Cero residuos”. De entrada, al ver el título de esta iniciativa se lee como una buena idea; incluso si se leen solo los ejes rectores de este plan sigue pareciendo una buena idea.

Hablan de residuo (basura) cero, de economía circular, de minería urbana entre otros conceptos que desde las comunidades y las ONGs hemos venido trabajando en los últimos años. Es decir, visto de manera somera el gobierno parece caminar hacia una verdadera gestión de los residuos. Ni como poder estar en contra de una iniciativa de este tipo. Por encima, parece ser una iniciativa que surge del conocimiento y de las investigaciones que se vienen haciendo desde hace décadas en materia del manejo de los residuos.

Sin embargo, al comenzar a leer el documento de una forma mucho más profunda, documento que esta para su descarga en la página de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT): https://www.gob.mx/semarnat/documentos/vision-nacional-hacia-una-gestion-sustentable-189541?idiom=es), las inconsistencias de la iniciativa comienzan aparecer. Desde los ejes rectores que se contradicen entre sí, el objetivo general que no es la reducción sino la disposición final, el alcance que no es vinculante con nada, hasta la hoja de ruta que no va de acuerdo a las necesidades de los municipios sino a los compromisos corporativos de la federación.

El gran problema de la generación de residuos.

Desde aquí va quedando muy claro el uso de conceptos, pues otra vez solo son utilizados como enunciados vacíos, en un intento de legitimar una iniciativa que no es de Basura (o residuo) Cero, que no es sustentable, ni mucho menos es un proyecto que busque solucionar la crisis de la basura que viven actualmente los municipios en el país. Es simplemente un proyecto que busca darle continuidad a las agendas ambientales de los gobiernos pasados sin modificar nada más que el discurso.

Vale la pena hacer un análisis sobre esto, lamentablemente por el espacio no se puede hacer un análisis amplio y profundo, aunque tampoco es necesario dado lo superficial de la “visión” del gobierno para el manejo de residuos. Aun así podemos tratar de ir viendo porque este proyecto no es una iniciativa de residuo cero como ya lo mencionaron algunas organizaciones ambientalistas. En un comunicado hecho público a cinco días de la presentación oficial del proyecto (http://www.lidecs.org/la-vision-nacional-para-gestionar-los-residuos-no-resuelve-el-problema-de-raiz/), claramente dejan ver que esta “visión” gubernamental no busca la reducción de los residuos desde su origen, sino que nuevamente ve en las salidas de final de tubería la forma de gestión, contradiciendo con esto el esquema de economía circular, uno de los ejes rectores del concepto.

 Vamos haciendo un análisis a bote-pronto de algunos de los puntos que considero más importantes de esta iniciativa y que se contradicen entre sí y con cualquier plan de Basura Cero que abogue por soluciones de origen y no de final de tubería:

Primero. Los datos que usaron para crear su “visión” son del 2013 (INEGI), es decir que tienen más de cinco años de haberse recogido por lo que tienen un atraso considerable; cuanto más si pensamos en que el aumento de residuos en los últimos años ha sido evidente, así como el cierre de rellenos sanitarios y la privatización de muchos de ellos. La información que usaron no es la mejor, ni la que nos da el escenario ideal para hacer una iniciativa de manejo de residuos, con lo que tenemos un trabajo incompleto.

Segundo. Plantean impulsar el “desarrollo de una industria de reciclaje electrónico”, lo que podíamos traducir en fomentar la minería urbana. Estamos de acuerdo en que esto es una alternativa sostenible al modelo minero extractivo, pero se contrapone directamente a la Responsabilidad Extendida al Productor (REP), concepto básico para que un plan de Basura Cero funcione de manera adecuada. El desarrollo de la industria del reciclaje debe de ir de la mano de una ley de REP funcional. Por si esto no fuera poco dentro de este concepto no son claros en lo que se hará con los plásticos de los agrotóxicos que ahora terminan en hornos cementeros causando emisiones tóxicas que dañan a las poblaciones cercanas. Tampoco se plantea una ley o un artículo de ley para el empaque y embalaje de materiales, uno de los mayores problemas con el plástico de un solo uso, incluso mayor que los popotes o cualquier uso doméstico de plástico.

En pocas palabras la Responsabilidad extendida al Productor no se toca en lo más mínimo. De nuevo la responsabilidad de la disposición queda en manos de los municipios, eso sí, con un “eje rector” dado desde la federación.

Lo más preocupante de esta iniciativa es que abre las puertas para que los municipios puedan elegir, aunque esto es muy subjetivo, pues desde el proyecto mismo se van obligados a ver en la termovalorización, es decir la incineración de residuos como la alternativa para la gestión de su basura. Está de más hablar de nuevo de los impactos que genera la incineración de residuos en cualquiera de sus formas (Véase: http://www.no-burn.org/incineracion/) lo cual se contrapone fuertemente a la filosofía de Basura Cero que aboga por la disminución de la basura desde el origen con un programa mucho más incluyente.

Otro punto importante analizar aquí mismo es la participación de GIZ (agencia de cooperación alemana con oficinas en SEMARNAT) promotora del “waste to energy” en todas sus variantes y que será el asesor técnico y financiero de los nuevos proyectos de gestión de residuos, quitando la oportunidad a que los municipios busquen sus propias alternativas con lo que se pierde cierta autonomía municipal.

Quema de residuos en plantas cementeras, otra amenaza.

Finalmente, aunque en el papel aparece la inclusión de los pepenadores en esta “visión” en la realidad, lo que vemos es que estos serán cooptados por los recicladores formales. Los grupos de pepenadores, tanto los que realizan su trabajo en los rellenos sanitarios y basureros a cielo abierto como los de calle, serán meros empleados de las empresas recicladoras, sin darles la oportunidad de armar cooperativas ni asociaciones que les permitan hacer su trabajo de una manera más digna y segura. Lo que se fomenta aquí es que las grandes empresas recicladoras tomen mayor fuerza, esclavizando aún más a los pepenadores.

De nuevo, lo que vemos con este gobierno que presume de ser diferente y de un cambio es que sigue beneficiando a un modelo de producción-consumo extractivo, privatizador e injusto. La distinción con los gobiernos anteriores es que este va apropiando ─por no decir robando y pervirtiendo─ conceptos que las comunidades vienen construyendo desde hace años, convirtiéndolos en conceptos vacíos, sin sentido y que solo sirven para legitimar las acciones contrarias al bien común, sirviendo al capital de las corporaciones.

 El discurso de la IV transformación no es más que eso: un discurso que no tiene nada que ver con la realidad que se vive en todo el país, todo lo contrario, lo que hace es continuar con el mismo proceso hegemónico del capital de los gobiernos anteriores.

Jorge Tadeo Vargas, director de LIDECS.

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De vórtices polares: un jaque continuo

De vórtices polares: un jaque continuo

#DíasdelFuturoPasado Volumen Siete

La semana pasada las bajas temperaturas de hasta menos 55 grados Celsius que se dieron en el norte de los Estados Unidos y el sur de Canadá puso de nuevo al cambio climático en la mira de los medios de comunicación masiva.

Como siempre, plantearon el fenómeno como si fuera un hecho aislado del modelo de producción-consumo, desde un análisis poco serio donde le dieron más importancia a los chistes y comentarios vacíos, provocativos y sin sentido de Donald Trump que a la realidad que tenemos encima: una realidad climática que ya nos alcanzó y por la que debemos aprender adaptarnos a las nuevas condiciones modificando muchas de nuestras actitudes al día de hoy.

Pero vamos por el principio: ¿Qué es un vórtice polar? Bien. Los vórtices polares son fenómenos naturales que ocurren en nuestro planeta desde hace millones de años; han sido partícipes directos de las otras glaciaciones que han ocurrido y se dan por una baja presión en las corrientes de aire. Estas corrientes forman remolinos de aires fríos que, dependiendo de las condiciones climáticas de las zonas donde ocurran, pueden alcanzar muy bajas temperaturas congelando toda la naturaleza a su alrededor.

Digamos que los vórtices polares son huracanes de aire frío. Estos ocurren de forma regular, no es un fenómeno anormal y no son necesariamente malos. Al contrario, en un planeta en equilibrio son parte de ese equilibrio. Sin embargo, al igual que los huracanes en el antropoceno (época en la que vivimos actualmente) estos se han vuelto mucho más duros e intensos.

Esto se da por dos razones principalmente: la primera tiene una relación directa con el cambio climático: el aumento de las emisiones de los Gases de Efecto Invernadero producto de la actividad industrial de esta época. Esta acción ha generado un comportamiento desordenado de las corrientes de aire que dan como resultado una mayor intensidad en las presiones de las corrientes, tanto en las temperaturas como en la fuerza que se presentan. En el caso de los vórtices polares se da una baja de temperatura tal que en las ciudades que están dentro de su zona de influencia se genera un riesgo mayor. La vida humana de forma natural no puede sobrevivir a temperaturas menos de los menos 15 grados Celsius. No es necesario decir más sobre esto.

La segunda es que –al igual que con los huracanes- la devastación ambiental, el desmedido crecimiento de las ciudades (urbanización salvaje) la pérdida de las barreras naturales que nos protegían de estos fenómenos nos ponen en gran peligro. Al no tener como protegernos de estos fenómenos de forma natural, la desigualdad, la inequidad, la división de clases hace que estos costos ambientales lo paguen las poblaciones más vulnerables, naturaleza incluida.

A la par de este fenómeno, al sur del Ecuador las altas temperaturas alcanzaban hasta los 50 grados Celsius. Esto tampoco es algo anormal o no debería serlo si pensamos que por ejemplo el Desierto de Sonora alcanza esta temperatura cualquier día de verano. Lo que sorprende en que se dio en zonas donde éstas temperaturas no se presentaban desde la última glaciación, lo que es un indicador directo de que el clima está totalmente desordenado y sin control.

La simple razón es que vamos perdiendo nuestros “controladores del clima” naturales como son los océanos que entre la acidificación, los deshielos de los polos y el calentamiento de las aguas están desubicados, sin poder hacer su trabajo de mantener el clima en equilibrio.

Más allá de lo rescatado por los medios de comunicación o de los comentarios sin sentido, ignorantes, provocativos del demonio anaranjado, es importante tener claridad en los aumentos de estos fenómenos y su significado. Negar el cambio climático no solo es irresponsable, es criminal, lo es igual seguir fomentando el modelo de producción-consumo hegemónico que nos tiene en un jaque continuo.

Necesitamos con urgencia medidas de adaptación que partan de una visión ecosistémica, comunitaria y no mercantil, antropocéntrica. Estamos al borde del colapso civilizatorio, donde la única alternativa real que tenemos es decir: No más a este modelo de producción-consumo, no más de este sistema.

Ante la inminente extinción lo que se nos presenta como alternativa es la rebelión, pero no una violenta, sino que parta de una transición justa, ecosistémica, comunal o los vértices polares son de lo que menos tenemos que preocuparnos.

Ex – Distrito Federal, febrero del 2019

Por Jorge Tadeo Vargas, director de LIDECS.

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Hacia una transición justa

Hacia una transición justa

#DiasdelFuturoPasado Volumen seis

Las acciones que decidió tomar el gobierno contra el robo de gasolina (si, ellos dicen que esa es la razón) saco a relucir algunos puntos interesantes de nuestra relación con los combustibles fósiles. Esto es un indicador de nuestras reacciones ante el inminente colapso civilizatorio.

Huachicol o robo y venta de combustible en México. BBC.

Primero, existe una falta de conciencia de clase o de empatía entre las personas que viven su fantasía ecofriendly sin entender en realidad nuestra dependencia y/o adicción a los combustibles fósiles. Hablan de que esto es una oportunidad para avanzar hacia una movilidad sustentable desde una ignorancia aspiracionista, desde su propia superioridad moral.

Movilidad sustentable es mucho más que usar bicicleta y/o transporte público, es más que caminar para ir de un sitio a otro, es un cambio mucho más profundo en el modelo de ciudades, mismas que en este momento están hechas en función del uso de los carros: son totalmente inhumanas. Solo desde la lógica aspiracionista es que se puede pensar que la solución al problema de la falta de gasolina es usar la bicicleta o el transporte público, mismo que ya esta colapsado en las grandes ciudades.

Otro punto interesante que mencionar es nuestra adicción al petróleo, el cual esta en manos de los poderosos que lo pueden usar como rehén en el momento que lo deseen causando caos, confusión y una paranoia mediática llena de verdades a medias. El desabasto, la demanda son indicadores de que el gobierno puede poner en jaque a cualquier ciudad. Un colapso energético en verdad, si nos lleva a un futuro distópico al mero estilo de Mad Max.

Esta adicción al petróleo, de la cual no nos salvamos nadie, nos ha sido metida con calzador, somos víctimas de ella, pues parte del modelo de producción-consumo se basa en la distribución de la mercancía, de los residuos, de la misma gente para consumir y ser parte de la cadena. El uso de los combustibles fósiles es lo que permitió que este modelo se reforzara y mantuviera como el modelo hegemónico.

No podemos negar que el uso del petróleo es el culpable de todos los beneficios y de los malos de nuestra civilización actual, esa que algunos investigadores llaman el Antropoceno para identificarlos como nuestra era, más allá del Holoceno.

El uso desmedido de los combustibles fósiles fue lo que permitió la hegemonía del modelo de producción-consumo, sin esto el capitalismo (de izquierda y de derecha) no habría logrado su poder, gracias a esto es que actividades tan viejas como la minería ha logrado extraer en veinte años mucho más minerales que en toda la época de la invasión europea hacia el Sur Global.

Queda claro que para salir de esta adicción tenemos que cambiar muchos patrones de conducta, incluida nuestra forma de producir y distribuir nuestra energía. Buscar una transición justa, no de la que hablan los especialistas tecnócratas, donde proponen que los combustibles fósiles sigan siendo hasta la mitad de siglo la forma primera de producción energética.

Campo eólico en Oaxaca. www.acciona.com

Los llaman “combustibles de transición” y según sus estudios estos deben de usarse hasta mediados de siglo y luego dejar de usarlos definitivamente, curiosamente esto es justo cuando el cenit del petróleo entra en la parte más baja, con lo que ya no es redituable continuar extrayéndolos.  Una teoría tan absurda, tan capitalista, tan fuera de la realidad por la urgencia climática que vivimos que no vale la pena ni analizarla, mucho menos entrar en un debate serio.

En estos momentos debemos de buscar una transición justa en todo sentido. El colapso socioambiental al cual nos enfrentamos nos obliga a repensar muchas de nuestras actividades. Desde la producción, el consumo, la forma de relacionarnos con la naturaleza y nosotras mismas. Necesitamos una transición justa antes de que el colapso cobre una factura mayor. Y dentro de esto, la transición energética es vital; la cual no puede darse dentro de la matriz energética actual. Necesitamos modificarla por completo.

Las energías renovables no son limpias per se. Si estas se insertan dentro del modelo de megaproyectos se convierten en una herramienta de despojo y privatización de territorios. Ejemplos de esto hay muchos, solo basta ver la resistencia en Oaxaca contra los proyectos eólicos de la transnacional Endesa para entender que esa no es una transición a una energía limpia, sino un acto de despojo y de privatización.

Necesitamos modificar la matriz energética hacia una matriz comunitaria, ciudadana, descentralizada, que no viole los Derechos Humanos de las comunidades, ni de los derechos de la naturaleza, con un enfoque ecosistémico. Pasar a los modelos cooperativos de energía que tan buenos resultados han dado en países como España e Italia.

Ahora que el sistema comienza a hablar de transición nos tenemos que ir con mucho cuidado. Desde el modelo de producción-consumo no podemos avanzar hacia una verdadera transición.

Jorge Tadeo Vargas, director de LIDECS.

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La IV transformación sin agenda ambiental: más de lo mismo

La IV transformación sin agenda ambiental: más de lo mismo

#DiasdelFuturoPasado Volumen 5

La acumulación por desposesión es permanente en la historia del capitalismo

Franz Fanon, Piel negra, máscaras blancas

Previo a las elecciones presidenciales, Andrés Manuel López Obrador presentó una serie de documentos-base sobre algunas agendas prioritarias –en palabras de él– para el “desarrollo del país”. Entre estos documentos el de la agenda ambiental que lleva el absurdo nombre de “NaturAMLO” presentaba seis ejes rectores de la política ambiental del nuevo gobierno. Son: agua, biodiversidad, cambio climático, ciudades sustentables, justicia ambiental y costas-mares-islas. El documento está lleno de buenos deseos, pero sin ningún compromiso real, no es vinculante con las otras agendas de gobierno, no presenta planes de acción, ni criticas reales, deja mucho que desear en especial si revisamos las acciones de gobierno que ha ido implementando en las pocas semanas que lleva su administración, pero de las cuales ya nos iba dejando claro cuál era el camino que tomarían: Neo-extractivismo y capitalismo neo-feudal, donde claramente la agenda ambiental es lo que menos les importa.

Veamos: para plantear verdaderas acciones contra el cambio climático –por iniciar con uno de sus ejes, posiblemente el más importante– se debe de disponer de toda la información científica disponible –como en cualquier otro tema- ¿Cuál es la acción que toma el gobierno actual? La de recortar en un 32 por ciento el presupuesto a SEMARNAT con lo que toda la agenda ambiental se ve en riesgo, pero si hablamos de la crisis climática, el programa nacional de adaptación al cambio climático se ve seriamente afectado con una reducción de más del 50 por ciento del presupuesto. Si a esto le sumamos que el proyecto energético de López Obrador se basa en mantener los combustibles fósiles como el modelo energético hegemónico, pues construir y reactivar refinerías es justamente eso al igual que aumentar el uso del carbón; además de la reactivación de hidroeléctricas que al final solo aumentan el porcentaje de los gases de efecto invernadero y no permiten verdaderas medidas de adaptación. Mucho menos de mitigación. Las llamadas “energías limpias” que dentro de la matriz energética actual no son tan limpias, seguirán siendo un negocio para las empresas transnacionales, las cuales con sus megaproyectos no han producido más que despojo, desplazados, y privatización de territorios.

El nuevo gobierno no propone una nueva matriz energética, por lo tanto, no hay ninguna posibilidad de que el programa nacional de adaptación al cambio climático puede ser exitoso. Al contrario, ya en este momento es un fracaso contundente.

El tren maya, que seguirá apareciendo como el peor ejemplo de la política ambiental de la IV Transformación, tiene demasiados puntos sin aclarar, falta de transparencia, se ha echado a andar sin consulta previa como lo exige el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y del cual ya se ha hablado hasta el cansancio y que el Gobierno ha decidido hacer oídos sordos a los expertos y las comunidades. Este proyecto pone en riesgo a dos de los ejes de su política ambiental. El primero es la biodiversidad. A pesar de que se ha dicho que el tren usará en su mayoría el tramado de rieles de la antigua vía ferroviaria, estos ya han sido ocupados de nuevo por la flora y fauna de la zona, muchas de ellas están dentro de la lista de especies amenazadas o en peligro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) por lo que el proyecto aumenta el riesgo.

Es prioritario, mucho más que el tren maya, un programa de conservación donde las propias comunidades participen activamente en la elaboración e implementación de dicho programa, el cual tiene que estar basado en enfoques ecosistémicos y de bioregión. Aquí es importante abrir un paréntesis. Cualquier programa que se implemente desde las comunidades con enfoques ecosistémicos y bioregionales, es una medida de adaptación al cambio climático, con lo que la protección a la naturaleza no se puede ver por ejes separados, sino por acciones conjuntas, horizontales e incluyentes. De no ser así solo son políticas sin contenido real.

El otro eje que se ve afectado por el Tren Maya es el de costas-mares-islas, pues lo que busca es ampliar el turismo en gran escala, el cual específicamente en esa región ha sido devastador para las poblaciones humanas (Cancún tiene el mayor índice de suicidios de jóvenes entre los 18 y 25 años). Es injusto pues destruye ecosistemas y poblaciones humanas enteras para el desarrollo de un grupo de empresas transnacionales, incluidas aquellas que se disfrazan de eco-turismo.

Este ejercicio es solo con uno de los mega-proyectos de este nuevo gobierno y nos da una clara idea de cómo su idea del desarrollo es contrario a la naturaleza y las comunidades humanas más vulnerables, por lo tanto es imposible pensar que desde esa lógica se puede lograr la justicia ambiental –la cual no puede ir desarticulada de la justicia social– otro de sus ejes que se ve superado, por lo tanto su plan sustentable México 2024 no es una verdadera agenda ambiental, sino un Green Washing muy similar, sino es que igual que el de las administraciones pasadas con un discurso vacío, sin sentido y sin una verdadera critica al modelo de producción-consumo.

MORENA en general y López Obrador en particular lograron la presidencia con un discurso de que serían un gobierno distinto, preocupado por la gente; sin embargo, sus políticas se mantienen en el neo-extractivismo donde los que realmente mandan son las corporaciones transnacionales, con la naturaleza y los seres humanos como mercancía al mejor postor. No existe un cambio verdadero, pues este no se puede dar en base a simulaciones, se necesita una verdadera transformación de raíz, donde el capitalismo, el neo-extractivismo que poco a poco se transforma en un nuevo feudalismo sea derrotado de raíz.

Zinacantepec, Estado de México, enero del 2019

Jorge Tadeo Vargas J., Director de LIDECS.

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¡Olvídate de París! Katowice sin acuerdos

¡Olvídate de París! Katowice sin acuerdos

“Pensamos que este sentimiento de paranoia histérica pasaría, pero no fue así”

Kitty Pride, Días del Futuro Pasado

#DíasdelFuturoPasado Volumen 4

Después de catorce días de negociaciones la COP24 termina peor de como inicio. El tristemente fracaso del Acuerdo de París es ya una realidad.

En Katowice debían de haberse logrado los acuerdos que permitieran crear una ruta crítica en base al documento que se elaboró en la COP21 en París, el 2015. Se trataba de que tuviéramos mecanismos claros y vinculantes para que esta ruta se adaptara al panorama actual que exige –políticamente hablando- mantenernos por debajo de los 1,5 grados, tal como lo dice el último informe del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático por sus siglas en inglés) presentado en octubre de este año. La presión del Clan del Petróleo de NO reconocer la evidencia científica pospone –de nuevo- la construcción de dicha ruta hasta la próxima cumbre. Otro año de espera más.

El mayor debate se centró precisamente en esta parte: el informe del IPCC y la presión de la industria petrolera, con el apoyo del Clan del Petróleo (Estados Unidos, Rusia, Kuwait y Arabia Saudí) para eliminar del documento final cualquier mención del informe o de cualquier otra evidencia científica que ponga a este sector como una de las mayores causas de la crisis climática. En la redacción final, se dejó el reporte como una mera recomendación que los países pueden o no tomar en cuenta para sus políticas de desarrollo y sin mencionar en ninguna parte los riesgos de alcanzar el 1, 5 o peor aún los 2 grados. Es decir, seguimos en las mismas.

Por otro lado, la financiación para implementar medidas de mitigación y/o adaptación se mantiene dentro de los Mercados de Carbono, sin hablar de justicia socio-ambiental, equidad de género, vulnerabilidad social o cualquier otro Derecho Humano relacionado con los mecanismos que implementan estos mercados. Otro signo de que los Acuerdos de París no están presentes en el acuerdo de Katowice. La ruta marcada por el modelo de producción-consumo se mantiene sin ningún cambio estructural.

La COP24 termina con un mal sabor de boca para todas, incluidos los gobiernos participantes: después de veinticuatro años de cumbres climáticas, es la primera vez que no se festeja el documento final con bombo y platillo.

“Es un acuerdo que no satisface a nadie” fueron las declaraciones de la presidencia de la reunión. De nuevo las voces de los países más afectados por la crisis climática fueron calladas por el cabildeo de las corporaciones transnacionales y por los países del Norte Global. Las obligaciones (no vinculantes) que los más de ciento noventa países firmaron en el 2015 en París y ratificaron en el 2016 en New York, ahora se convierte solo en sugerencias que los países pueden considerar dependiendo de lo que esperen de sus compromisos para el desarrollo y crecimiento económico.

De nuevo el modelo antes que la justicia. El sistema antes que los derechos humanos. Sin esperar mucho de esta o de cualquier otra Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de la ONU y a sabiendas que las posibles soluciones no se darán en estos espacios, Katowice logra retroceder bastante las posibilidades de que se lleguen acuerdos mínimos para la reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero tal como la evidencia científica lo exige.

El acuerdo más interesante por los retos que significa para la región fue la sede para la COP25 del próximo año. Esta será en Chile, compartiendo presidencia con Costa Rica, misma que será sede de la reunión previa en octubre del 2019. Los dos retos inmediatos, en lo que ésta presidencia conjunta debe ir trabajando están en lograr un verdadero acuerdo con mecanismos a cumplir en fechas y acciones para mantener al planeta por debajo del 1, 5 grados.

Más allá de todo el cabildeo de la industria y el Clan de Petróleo esta parte es fundamental. El IPCC debe ser un verdadero eje rector de estos acuerdos y sus informes deben de tratarse con la seriedad que implican. El segundo reto, el cual creo que es el más importante es poner de forma prioritaria para todos los participantes el tema de la adaptación al cambio climático, donde se dejen fuera a los Mercados de Carbono como el único mecanismo para poner el financiamiento de estas medidas. Un reto harto complicado si tenemos en cuenta que las corporaciones transnacionales tienen secuestrada la Conferencia de las Partes desde su inicio. Veinticuatro años de negociar, cabildear a su favor.

Afuera, en las comunidades tenemos un reto mayor. Mucho por hacer. Las resistencias contra el modelo de producción-consumo deben de radicalizarse aún más. Dejar el ecofriendly y convertirse en una amenaza mucho más fuerte para el sistema. Las alternativas hacia la construcción de ese OTRO MUNDO POSIBLE que al final no son sino medidas de adaptación al colapso climático y que por lo tanto se convierten en medidas de mitigación deben de mantenerse como soluciones reales, factibles, comunitarias, desde la lógica del decrecimiento, de la comunalidad, del quehacer colectivo. Si Katowicw no fue nuestro, si en Copenhague no se escucho el grito de ¡Cambiemos el Sistema no el Clima!, que desde Costa Rica hasta Chile se escuchen nuestras voces.

Que les quede claro que es ahora o nunca.

Toluca, Estado de México, 2018

Jorge Tadeo Vargas Juvera, director de LIDECS.

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COP24 y aún hablamos de París

COP24 y aún hablamos de París

“El IPCC en sus reportes nos dice lo que es políticamente posible. No lo necesario.

El panorama es peor del que nos presentan.”

Carlos Gay, Conferencia sobre Cambio Climático, Fundación Boëll, 2008

 

Del tres al catorce de diciembre del 2018, en el marco de la 24va Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático se reúnen los países firmantes del Acuerdo de Paris (COP21, 2015) para finalmente buscar los mecanismos apropiados que permitan poner en marcha los acuerdos firmados en el 2015. Habrá que recordar que estos acuerdos no son vinculantes y que los países firmantes no están obligados a cumplir ninguno de ellos; en algunos países se pone en primer plano el desarrollismo extractivista antes de cumplir con la reducción de emisiones.

La COP24 que se lleva a cabo en Polonia, primer país que repite en ser sede de las llamadas COPs de cambio climático, presenta una serie de retos interesantes, especialmente porque estos retos de no cumplirse dejarán muy claro que no hay una verdadera voluntad política de alcanzar el 1.5 grados, umbral que hace mención el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) en su último informe que además prácticamente deja a la mayoría de los acuerdos firmados en París caducos y con nula influencia ante el panorama actual. Hace ya tres años del Acuerdo de París y ahora se sentarán a buscar los mecanismos que pondrán en marcha en tres años más, es decir que estamos ante una situación de emergencia a la cual ningún país le da la importancia requerida.

Sin un cambio del modelo de producción-consumo de forma rápida y radical, tal como la situación lo exige, es un reto que está perdido desde el inicio. No valen todos los estudios que nos dicen que vivimos una época cercana al colapso civilizatorio si las soluciones que se proponen vienen desde la lógica capitalista, neo-extractivista. Sin embargo, mantener la pantomima de que se están buscando esas soluciones basadas en acuerdo no vinculantes permite que los mercados de carbono sigan funcionando a tope.

El segundo reto es la salida (ahora si definitiva) de los Estados Unidos del Acuerdo de París, que junto con la fuerza que va tomando la extrema derecha en el mundo y que niega categóricamente la existencia del cambio climático pueden frenar cualquier proyecto de adaptación principalmente si es contrario a los intereses de las corporaciones transnacionales. El discurso de Bolsanaro sobre la protección a las amazonas es muy significativo y deja claro que el lobby de las empresas sigue siendo uno de los ejes rectores para las negociaciones dentro de las COPs. Aquí el papel que pueden jugar los países del Sur Global ya afectados en muchas formas por la crisis climática debería de funcionar como contraparte. Lamentablemente terminan siendo cómplices de los países del Norte y las corporaciones.

El tercer reto, que es el más importante y en el que nos siguen quedando a deber desde hace veinticuatro años de reuniones. No es otro sino el escuchar las exigencias de las comunidades afectadas por el modelo de producción-consumo y la crisis climática. Exigencias que al menos desde la COP15 (Copenhague 2009) siguen estando en las calles, desde afuera, en las comunidades.

No es un reclamo por dejarlos fuera de las negociaciones, no es una plañidera que les pide soluciones, al contrario, son bastantes claras sus demandas: el fin del capitalismo, el cese del modelo de producción-consumo extractivo y privatizador y la puesta en marcha de los proyectos que desde las propias comunidades ya se están trabajando desde hace décadas. Desde proyectos de agricultura ecológica, familiar, económica solidaria, planes de basura cero, movilidad sustentables, decrecimiento, comunalidad, entre muchas otras acciones que no solo van encaminadas a otra forma de relacionarnos con el entorno ecológico inmediato, sino que cuestiona de forma activa a todo el modelo y el sistema de gobierno.

Todas estas acciones comunitarias se transforman tanto en medidas de adaptaciones (local) como en medidas de mitigación (global) a la crisis climática. Mejor aún, son claves para un verdadero cambio sistémico. Tal vez esa sea la razón por lo que las demandas de las comunidades que se manifiestan afuera de las reuniones oficiales no son escuchadas…bueno, excepto por aquellas que sirven para seguir legitimando un capitalismo verde. Propuestas que siempre van de la mano de ONG’s transnacionales que viven de los fondos de los gobiernos del Norte.

Que la COP24 se lleve a cabo de nuevo en Polonia, con los antecedentes de lo que paso en la COP19 donde las corporaciones tomaron el total control de todos los acuerdos y siendo la reunión donde los mercados de carbono y sus mecanismos se afianzaron como la FORMA de buscar medidas de mitigación (mentira: fue la FORMA de ganar más dinero con la crisis climática) es muy significativo.

Después de la fiebre de París, la cual parece que no se logra superar con un IPCC que nos dice que estamos ya en el punto de NO retorno y que no existe nada que nos lleve a detener el cambio climático, seguir hablando de la COP21 en este momento es seguir apostando por la pérdida de millones de vidas, de ecosistemas enteros, del aumento en la migración, de todo aquello que sigue siendo negocio para el capitalismo. Tenemos que seguir diciendo cada vez más fuerte: “no es el clima, es el modelo y si no lo modificamos estamos condenados a que el inminente colapso sea mucho más doloroso”.

Ciudad de México, Ex Distrito Federal, 2018

Jorge Tadeo Vargas Juvera, director de LIDECS.

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Día cero ¿Verdad o paranoia inducida?

Día cero ¿Verdad o paranoia inducida?

En su edición de la segunda semana de julio el semanario hermosillense Primera Plana publicó un reportaje firmado por Imanol Caneyada titulado: “Hermosillo cada día más cerca del día cero”. Parte del reportaje se basa en un estudio realizado por el Instituto de Ecología de la UNAM el cual no pude encontrar en ninguna parte para darle un vistazo mínimo por lo que no puedo decir mucho sobre la metodología o como los investigadores llegaron a la conclusión de que a la ciudad (¿o es todo el municipio?) de Hermosillo tiene un deadline de dos años para llegar al día cero, ese concepto que popularizo Ciudad del Cabo al plantear que se quedarían sin agua en un día especifico de abril.

Al no poder leer el documento de los investigadores, el buen reportaje de Imanol me permite retomar y hacer algunas reflexiones sobre este concepto y como está siendo secuestrado por los tomadores de decisiones, no para corregir sus errores, al contrario, lo hacen para fortalecer el modelo de producción-consumo.

Es evidente que Hermosillo vive una sequía desde hace décadas, pero esta no es por la falta de lluvia o de la mala administración del organismo operador de agua y alcantarillado, si bien son dos factores importantes tenemos que sumarles también el crecimiento mal diseñado de la ciudad y el reparto inequitativo de agua en todo el municipio, donde más del 90 por ciento del agua disponible va para la agro-industria y para la industria en general.

Parque La Esperanza. Pésima gestión de aguas urbana. Foto: Libera Radio.

Esa misma agua se convierte en agua residual contaminada por gran variedad de tóxicos que se usan en las actividades industriales (los agrotóxicos y la industria minera son el mejor ejemplo de esto) lo cual trae como consecuencia una pérdida en la disponibilidad del líquido para uso humano. Ni hablar de la posibilidad de potabilizarla.

El otro 10 por ciento aproximado que se usa para las ciudades o para el consumo no potable de los seres humanos termina con una gestión tan mala por parte del organismo operador que se desperdicia más de la mitad en fugas. Si a esto le sumamos la pérdida de vegetación en toda la cuenca con una consecuencia directa en las lluvias tanto en la periodicidad, la cantidad y la posible captación por los mantos freáticos, la situación se torna un poco más crítica.

Las dos alternativas que se vienen proponiendo desde hace años por parte de los investigadores/académicos, -una ya en marcha a medias por todo el conflicto que trajo consigo- son soluciones de final de tubería que no van a la raíz del problema, ni proponen un enfoque ecosistémico que ayude a recuperar la cuenca hidrográfica. Las dos son soluciones de tipo hidráulico que nada dicen de reparar los ciclos hídricos, al contrario, tanto el Acueducto Independencia como la Desaladora a mediano plazo agravarán la crisis hídrica en todo el Estado.

Es curioso, Ciudad del Cabo y Hermosillo tienen actividades que requieres mucha agua. La primera con una gran afluente turístico y campos vinícolas, y la segunda con una fuerte dinámica agro-industrial desde el inicio de la cuenca del Río Sonora, en Bacanuchi, hasta la Costa Agrícola. Pero cuando las dos ciudades hablan del día cero, no plantean una modificación en las actividades comerciales. Eso sí, piden a la población tener sensibilidad, mientras el modelo de producción-consumo mantiene sus actividades extractivas y contaminadoras sin dejar de usar una gota de agua menos.

El día cero no tiene una relación directa con la falta de agua, sino con la disponibilidad y el conflicto que se da entre la industria y las poblaciones humanas. Pero así es el sistema. Socializa los costos socio-ambientales con las poblaciones más vulnerables y con la naturaleza. Es parte de su modus operandi. Así es como funciona.

Parque La Esperanza, en Hermosillo. “Reforestación”. Foto: Libera Radio.

El día cero es una verdad a medias. Que existe en todo el mundo una crisis con la disponibilidad de agua es innegable, pero hablar de un día cero en este momento es caer en una parálisis paranoica que no ayuda en nada excepto a los procesos de privatización de las cuencas. Monterrey es un ejemplo de esto: a la par de un discurso mediático de que solo quedan once meses de agua, el gobierno lanza iniciativas de privatizar el Río Catarina, el mayor productor de agua en el municipio.

Las causas de la crisis hídrica están bien identificadas al igual que las consecuencias. Las soluciones no pueden ni deben ser hidráulicas. O son soluciones hídricas basadas en una gestión ecosistémica de nuestras cuencas, de recuperación de nuestros ríos reconociéndolos como parte vital de nuestras vidas y de nuestro quehacer o de plano el día cero se convertirá entonces si en una realidad.

Es fácil: contra la paranoia del día cero. Gestión de cuencas con enfoque ecosistémico.

No hay más. Es fácil. Es lógico. Es sentido común.

 

Jorge Tadeo Vargas @primaindie

Director de Campañas en el Laboratorio de Investigación en Desarrollo Comunitario y Sustentabilidad (Lidecs).

 

El ecofascismo del litio y la gobernadora

El ecofascismo del litio y la gobernadora

Cuando la gobernadora del Estado de Sonora Claudia Pavlovich anunció con bombo y platillo la llegada de la empresa minera Bacanora Lithium, lo hizo no solo presumiendo los 420 millones de pesos que costaría la construcción de una planta de extracción de litio en la región de Bacadéhuachi, también presumió los 1200 empleos que generaría la construcción de esta planta, empleos que no serán para la población de las comunidades cercanas pues la empresa constructora como es lo usual traerá a sus propios trabajadores. Pavlovich también hablo de las 35 mil toneladas de litio que la empresa piensa extraer anualmente dejando claro que esto es algo histórico para el sector minero –sí, para el sector minero, no para la población del Estado- y por si esto no fuera poco tanto ella como su secretario de economía, Jorge Vidal Ahumada, presentaron el proyecto como un avance para ir convirtiendo a Sonora como un “impulsor de tecnologías verdes” pues es bien sabido que el litio es un mineral que se usa principalmente para baterías de productos electrónicos (celulares, computadoras, tablets…) y para coches eléctricos y por lo tanto es energía renovable. De hecho, Bacanora Lithium presume que tiene un contrato con Tesla Inc para venderle todo el mineral que necesite para sus coches eléctricos. Estas unidades que han sido altamente criticados por la enorme huella residual tóxica que traen desde su producción, consumo y posterior disposición.

Para la gobernadora este proyecto marca un antes y un después dentro de la minería en el Estado, lo dice principalmente por ser este el primer proyecto de extracción de litio en el país. No tanto porque este sea un proyecto limpio, menos dañino y/o tóxico. Para ella lo que este proyecto esconde no es importante, ya sea por ignorancia o por complicidad, pero estos proyectos que se venden bajo la marca de “sustentabilidad” son parte del capitalismo verde que va dejando a su paso devastación, contaminación y desplazamiento forzado en las comunidades donde se instala, justo como cualquier otro proyecto. La minera por simple lógica, no puede ser sustentable, ni mucho menos responsable.

Veamos: el gobierno del Estado habla de que cuando la minera esté operando empleará aproximadamente 350 personas. Bacadéhuachi solo tiene 1,083 habitantes, de los cuales los que están en edad de trabajar lo hacen en la agricultura y/o ganadería. Es decir, no se necesita una nueva fuente de empleo, sino mejoras las condiciones de las que ya existen. Para la extracción del litio se utiliza mucha agua y es una minería a cielo abierto. La traducción es que los destrozos serán visibles y dejará un residuo de salmuera contaminado con ácidos sulfúricos, sulfatos y otros contaminantes que aumentarán los riesgos de contaminación en los mantos acuíferos y superficiales con lo que se vulneran las actividades productivas de la zona. Si este proyecto lo vemos de forma integral junto a las otras plantas mineras tenemos que sus afectaciones suman a todo un territorio en riesgo. 350 empleos que la comunidad no necesita no justifican la extracción de litio.

Una planta similar a la que se pretende construir en Bacadéhuachi está ubicada en San Pedro de Atacama, provincia de Argentina, donde la cantidad de agua que se usa para la extracción es de aproximadamente 200 millones de litros diarios entre la salmuera y el agua dulce lo que para una región netamente agropecuario es peligroso.

El mito del trabajo y el progreso con la minería esta sobrepasado. Existen muchos casos donde esta práctica extractiva y contaminante ha sido fundamental para el rompimiento del tejido social creando una serie de conflictos en las comunidades donde antes no las había. La clara competencia entre la vocación natural de los pueblos y la entrada de las grandes empresas mineras va dejando un rastro negativo tan fácil de seguir que ya se ha escrito mucho al respecto.

Dentro de todos los argumentos que da tanto la empresa como el gobierno del Estado. ¿Cuáles son los que me parecen más peligrosos?  En un momento donde la minería es cada vez más evidenciada sobre sus impactos negativos y el rechazo a esta actividad va en aumento la extracción del litio se presenta como una alternativa “verde”, sustentable, que es parte de la lucha contra el cambio climático y se encamina a que dejemos de usar los combustibles fósiles. Así es como lo venden. Ese fue una parte fundamental del discurso de la gobernadora cuando presento el proyecto.

Veamos: en los últimos años, ante una fuerte crisis socio-ambiental, el modelo de producción-consumo ha buscado las alternativas para pintarse de verde y en muchos casos sus estrategias han funcionada bastante bien. El ejemplo de los coches eléctricos es uno de estos casos. El capitalismo verde nos dice que es mucho mejor usar autos eléctricos que los comunes que utilizan gasolina. Estar en desacuerdo con eso es poco sensible. Sin embargo, el modelo es un experto en esconder las huellas residuales que deja su eco-capitalismo. La cantidad de residuos que deja un coche eléctrico son mayores que los que deja un coche “normal” principalmente en lo que se refiere a residuos minerales como son el uso de cobre, cobalto, y litio. Ni hablar de la disposición final de estos minerales cuando el coche cumpla su vida útil. Esto aún no lo vivimos, pero seguro no será sin impacto socio-ambiental.

El capitalismo verde tiene como base un ecofascismo donde los impactos quedan fuera del ojo del consumidor. Es discriminatorio pues alienta la construcción de territorios de primera y de segunda. Los territorios de primera son para aquellos que pueden pagar el “ecofriendly” los que se garantizan una vida sin cuestionar las raíces de la crisis socio-ambiental que vivimos actualmente y los territorios de segunda que son aquellos que asumen (de forma obligada por el sistema) los costos socio-ambientales de todo el modelo de producción-consumo. Aquellos territorios que pierden su forma de vida. Que son violentados con la contaminación de sus tierras, su agua, su aire, su total forma de vida. Que en muchos casos son obligados a migrar a las ciudades donde siguen construyendo territorios de segunda, siendo los invisibles de las urbes.

El proyecto que Bacanora Lithium presenta para Sonora, no dista mucho de ser diferente a los demás proyectos mineros que tienen devastado a más de la mitad del territorio de ese Estado. No, es igual. La única diferencia es que es un proyecto ecofascista, promovido por un gobierno ignorante, cómplice que va creando estos territorios de primera y de segunda que son básicos en un capitalismo verde.

En una última entrega hablare sobre las alternativas a la minería extractiva y las trabas que pone el gobierno para que esta se lleve a cabo.

La minería y el cambio climático

La minería y el cambio climático

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC por sus siglas en inglés) proyecta que las zonas que serán y que están siendo más afectadas por los cambios en el clima son aquellas donde se han ido perdiendo zonas prístinas para darle paso a megaproyectos extractivos que pueden ser desde el turismo de sol y playa, la pesca industrial, las presas y la minería siendo esta última una de las actividades extractivas más peligrosas dentro de la crisis climática, pues una vez que se instala un proyecto minero en un nicho ecológico su razón de ser es la destrucción de la naturaleza para extraer el producto. Una destrucción que no deja probabilidades para la restauración y/o la reparación ecológica.

Dentro de las proyecciones del IPCC para México, se dice que el norte del país por sus condiciones ambientales naturales sumado a la fuerte presencia de la agro-industria y la minería será la región más afectada en el país donde Sonora en lo particular es el Estado más vulnerable. Los cálculos de los especialistas hablan de que para el 2025 el Estado perderá más del 45 por ciento de sus zonas naturales para darle paso a una desertificación inducida donde las dinámicas poblaciones ya de por si vulnerables de un ecosistema desértico como el que tenemos en la mayor parte del estado entrará en riesgo de desaparecer.

Aquí debemos de aclarar que no significa lo mismo ecosistema desértico que desertificación. El primero se refiere a un ecosistema natural con sus propias dinámicas poblacionales, con cierto equilibrio que mantiene un control ante la biodiversidad nativa y las relaciones con los otros ecosistemas cercanos como son, en el caso de Sonora, los ecosistemas de corredor que nacen en las cuencas hasta llegar a los deltas que se encuentran dentro del desierto. Cuando hablamos de desertificación estamos hablando de una condición de riesgo donde las actividades humanas ponen en peligro ecosistemas (desierto y vegetación de corredor) y con ellos se pone en riesgo también la vida humana, es decir, las comunidades que viven en estas regiones.

Y si se proyecta la pérdida de más del 45 por ciento de las zonas naturales entonces el agua también se pone en riesgo por lo que los especialistas proyectan que para el 2030, Sonora tendrá un 60 por ciento menos de agua disponible de la que tenía hace 30 años. Un riesgo siempre asociado a los procesos de desertificación, y donde la industria minera contribuye considerablemente pues al ser una industria que destroza montañas para extraer minerales lo que está haciendo en realidad es matar las zonas donde nacen los ríos, las cuencas, dejándonos sin los mayores productores de agua tanto para los procesos de la naturaleza como para las actividades humanas.

De nuevo, en Sonora en los últimos años la temperatura ha aumentado un grado, suficiente para que en el caso de Siria se perdieran más del 80 por ciento de los cultivos y más del 90 por ciento del ganado con lo que se dio una migración del campo a la ciudad dando como resultado una guerra civil que ha dejado cientos de miles de refugiados ambientales sirios. Se tiene que entender que Sonora está en un riesgo mayor. Si la actividad minera es, solo en la extracción, la responsable del 9 por ciento de los Gases de Efecto Invernadero y si tenemos al 95 por ciento del territorio sonorense en riesgo socio-ambiental por la extracción y perdida de ecosistemas, es urgente planear medidas de medidas de mitigación, pero sobretodo de adaptación en esta industria.

Estas medidas no pueden ser más que la prohibición total de la extracción minera dando paso a la minera urbana como la forma de recuperar material descartado y ponerlo de nuevo en el ciclo de los residuos-producción. La ley estatal de cambio climático no contempla esto, al contrario, lo deja fuera permitiendo que tanto la industria minera como la agro-industria sigan fortaleciendo el modelo de producción-consumo.

La crisis climática tiene en el modelo de producción-consumo su principal causa, es decir, este modelo extractivo y privatizador que desde mediados del siglo pasado se ha convertido en el modelo hegemónico es el responsable de que en la actualidad tengamos consecuencias tan desastrosas en el mundo como lo es el cambio climático. No hay más, es por eso que proyectos que nacen dentro de lo que se conoce como “capitalismo verde” son proyectos que siguen la misma lógica de cualquier otro proyecto dentro del sistema capitalista. Externalizar los costos socio-ambientales con la naturaleza y las comunidades e internalizar las ganancias económicas. El proyecto de Bacanora Lithium es un proyecto dentro del capitalismo verde. No es ambientalmente responsable y dejará a las comunidades cercanas con muchos problemas socio-ambientales.

En la próxima entrega hablaremos del eco-fascismo de la industria del litio y como estas prácticas del capitalismo verde son aún más peligrosas para la naturaleza y las comunidades humanas.

Jorge Tadeo Vargas

@primaindie

Industria minera y Gobierno: cómplices del colapso

Industria minera y Gobierno: cómplices del colapso

Sonora ha sido históricamente un Estado minero, su posición geográfica/geológica y su gran extensión territorial se lo han permitido. Es un Estado tan dominante en esta actividad extractiva que aproximadamente más del 50 por ciento de la producción minera en México viene de Sonora, donde se tienen más de 43 mil kilómetros cuadrados concesionados a la industria minera con más de 5 mil concesiones. La mayoría de ellas son concesiones a empresas mineras transnacionales que tienen sus oficinas generales en Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, China y la India entre otras. El 23 por ciento del territorio estatal les pertenece a estas empresas.

Ante este panorama sería imperativo que el Estado tuviera una ley minera, una ley estatal que sirviera para regular, prevenir y sancionar los posibles impactos que genera una industria tan contaminante como esta. Y claro que tiene una ley estatal, pero no es para regular muchos menos para prevenir y nada de sancionar, es una ley para la promoción de la minera, para la protección, para el beneficio del sector minero por sobre otros sectores (léase agropecuario, turístico…) y donde la salud ambiental y humana de las comunidades cercanas a un proyecto minero no son tomadas en cuenta. No existe.

Y su usted no lo cree, basta con remontarse unos años atrás con el derrame en la Cuenca del Río Sonora que sigue sin resolverse o el caso de la mina Mulatos de la empresa Álamos que sigue causando serios daños en la parte alta de la Cuenca del Rio Yaqui, sin que esto se mencione en los medios, ni mucho menos se busque una solución a los impactos socio-ambientales que esta mina provoca.

Panorama en Bacadéhuachi, Sonora

Ante un panorama adverso socio-ambientalmente hablando, donde falta un cumplimiento de las regulaciones mínimas que tiene la industria minera a nivel nacional, con un territorio estatal colapsado por la industria agropecuaria, el crimen organizado, el mega turismo de sol y playa que han dejado como consecuencias una sequía histórica que ha generado ya cientos de desplazados forzados que migran a las ciudades o más allá de los fronteras impuestas por los países, el Gobierno del Estado, dirigido en este momento por Claudia Pavlovich hace unos meses anunció con bombo y platillo la llegada de una nueva empresa minera al Estado. Esta empresa inglesa/australiana llamada Bacanora Minerals (nombre absurdo por lo que significa Bacanora para los sonorenses) piensa explotar una veda de litio cerca de Bacadéhuachi, en la Cuenca Alta del Río Yaqui, perteneciente al afluente del Río Bavispe con una inversión inicial de 420 millones de dólares y se calcula que para el 2020 que la mina comience operaciones se extraerán en el primer año 17 mil 500 toneladas de carbonato de litio para aumentar hasta llegar a las 35 mil al año.

¿Para qué se usa el litio? Bien, una vez que el carbonato de litio pasa por un proceso de depuración para quedar solo como litio, un proceso que genera residuos tóxicos que, en grandes cantidades como los que esta mina dejara son dañinos para la salud ambiental y humana. Se usa para baterías de equipos electrónicos como smartphones, laptops, tablets pad, entre otros incluidos los automóviles eléctricos. En este caso, la empresa ha dicho que ellos tienen un contrato con Tesla Company para proveerle el litio necesario para los automóviles eléctricos que esta empresa está construyendo en masa.

Mina Mulatos, en Álamos, Sonora.

Dejemos fuera la obviedad de que los automóviles eléctricos son una falsa solución a la crisis socio-ambiental que vivimos, pues estos se mantienen dentro del mismo modelo de producción-consumo lineal y extractivo que sostiene a este sistema capitalista. Más allá de la crítica que ya se la ha hecho a Tesla Company por muchos motivos, entre ellos, la contaminación que provocan sus autos eléctricos, principalmente sus baterías, el discurso del gobierno estatal de que con esta minera “ecológica” se está promoviendo el uso de energías renovables no solo es irresponsable, sino es ignorante, falto de cuidado en informarse para no caer en falsas soluciones o discursos tontos y vacíos, sin fundamento científico.

Si el material con el que se va producir la energía viene de la extracción y este no puede renovarse (como es el caso de la minería) no es renovable, decirlo es contradictorio. Es ignorar lo mínimo de las dinámicas ecológicas y conceptos básicos como renovable y/o sustentabilidad.

Es importante señalar que esta nueva empresa no viene a generar un impacto positivo en la región, al contrario, si vemos todos los casos de proyectos mineros en los últimos 20 años, el impacto ha sido negativo, tomemos el ejemplo de la mina Mulatos donde los impactos negativos son una realidad con la que viven día a día los habitantes de esta comunidad. Incluida la criminalización y las amenazas a los que alzan la voz.

Más allá de los discursos de la empresa y el gobierno, los impactos negativos sobre las comunidades humanas y la naturaleza son de todos conocidos, especialmente en un Estado tan golpeado por la industria minera. La actividad minera extractiva como lo es la extracción del litio genera contaminación del agua, perdida de acuíferos, más sequía, perdida del paisaje natural lo que trae consigo la desaparición y/o migración de flora y fauna, altas cantidades de residuos tóxicos, enfermedades relacionadas con la extracción de los minerales que en este caso van de problemas en el sistema nervioso, respiratorio, quemaduras si se exponen directamente al químico, hasta la muerte. También genera el desplazamiento forzado de personas que pierden su forma de vida.

La idea de la minería sustentable que nos han querido vender tanto la industria minera como sus cómplices dentro de los gobiernos, es una mentira: no hay sustentabilidad en demoler montañas para extraer los minerales que tienen en sus entrañas.

No hay lógica ambiental en destruir, deforestar, contaminar ecosistemas que pueda entrar en ningún concepto de sustentabilidad, por lo tanto, los gobiernos que permiten la minería están atentando contra la justicia socio-ambiental de las comunidades y la naturaleza. La única alternativa medianamente posible y responsable de practicar la minería es mediante la minería urbana, pero de eso hablare en otra ocasión.

Por Jorge Tadeo Vargas @primaindie