Author Archives: Jorge Tadeo Vargas

El ecofascismo del litio y la gobernadora

El ecofascismo del litio y la gobernadora

Cuando la gobernadora del Estado de Sonora Claudia Pavlovich anunció con bombo y platillo la llegada de la empresa minera Bacanora Lithium, lo hizo no solo presumiendo los 420 millones de pesos que costaría la construcción de una planta de extracción de litio en la región de Bacadéhuachi, también presumió los 1200 empleos que generaría la construcción de esta planta, empleos que no serán para la población de las comunidades cercanas pues la empresa constructora como es lo usual traerá a sus propios trabajadores. Pavlovich también hablo de las 35 mil toneladas de litio que la empresa piensa extraer anualmente dejando claro que esto es algo histórico para el sector minero –sí, para el sector minero, no para la población del Estado- y por si esto no fuera poco tanto ella como su secretario de economía, Jorge Vidal Ahumada, presentaron el proyecto como un avance para ir convirtiendo a Sonora como un “impulsor de tecnologías verdes” pues es bien sabido que el litio es un mineral que se usa principalmente para baterías de productos electrónicos (celulares, computadoras, tablets…) y para coches eléctricos y por lo tanto es energía renovable. De hecho, Bacanora Lithium presume que tiene un contrato con Tesla Inc para venderle todo el mineral que necesite para sus coches eléctricos. Estas unidades que han sido altamente criticados por la enorme huella residual tóxica que traen desde su producción, consumo y posterior disposición.

Para la gobernadora este proyecto marca un antes y un después dentro de la minería en el Estado, lo dice principalmente por ser este el primer proyecto de extracción de litio en el país. No tanto porque este sea un proyecto limpio, menos dañino y/o tóxico. Para ella lo que este proyecto esconde no es importante, ya sea por ignorancia o por complicidad, pero estos proyectos que se venden bajo la marca de “sustentabilidad” son parte del capitalismo verde que va dejando a su paso devastación, contaminación y desplazamiento forzado en las comunidades donde se instala, justo como cualquier otro proyecto. La minera por simple lógica, no puede ser sustentable, ni mucho menos responsable.

Veamos: el gobierno del Estado habla de que cuando la minera esté operando empleará aproximadamente 350 personas. Bacadéhuachi solo tiene 1,083 habitantes, de los cuales los que están en edad de trabajar lo hacen en la agricultura y/o ganadería. Es decir, no se necesita una nueva fuente de empleo, sino mejoras las condiciones de las que ya existen. Para la extracción del litio se utiliza mucha agua y es una minería a cielo abierto. La traducción es que los destrozos serán visibles y dejará un residuo de salmuera contaminado con ácidos sulfúricos, sulfatos y otros contaminantes que aumentarán los riesgos de contaminación en los mantos acuíferos y superficiales con lo que se vulneran las actividades productivas de la zona. Si este proyecto lo vemos de forma integral junto a las otras plantas mineras tenemos que sus afectaciones suman a todo un territorio en riesgo. 350 empleos que la comunidad no necesita no justifican la extracción de litio.

Una planta similar a la que se pretende construir en Bacadéhuachi está ubicada en San Pedro de Atacama, provincia de Argentina, donde la cantidad de agua que se usa para la extracción es de aproximadamente 200 millones de litros diarios entre la salmuera y el agua dulce lo que para una región netamente agropecuario es peligroso.

El mito del trabajo y el progreso con la minería esta sobrepasado. Existen muchos casos donde esta práctica extractiva y contaminante ha sido fundamental para el rompimiento del tejido social creando una serie de conflictos en las comunidades donde antes no las había. La clara competencia entre la vocación natural de los pueblos y la entrada de las grandes empresas mineras va dejando un rastro negativo tan fácil de seguir que ya se ha escrito mucho al respecto.

Dentro de todos los argumentos que da tanto la empresa como el gobierno del Estado. ¿Cuáles son los que me parecen más peligrosos?  En un momento donde la minería es cada vez más evidenciada sobre sus impactos negativos y el rechazo a esta actividad va en aumento la extracción del litio se presenta como una alternativa “verde”, sustentable, que es parte de la lucha contra el cambio climático y se encamina a que dejemos de usar los combustibles fósiles. Así es como lo venden. Ese fue una parte fundamental del discurso de la gobernadora cuando presento el proyecto.

Veamos: en los últimos años, ante una fuerte crisis socio-ambiental, el modelo de producción-consumo ha buscado las alternativas para pintarse de verde y en muchos casos sus estrategias han funcionada bastante bien. El ejemplo de los coches eléctricos es uno de estos casos. El capitalismo verde nos dice que es mucho mejor usar autos eléctricos que los comunes que utilizan gasolina. Estar en desacuerdo con eso es poco sensible. Sin embargo, el modelo es un experto en esconder las huellas residuales que deja su eco-capitalismo. La cantidad de residuos que deja un coche eléctrico son mayores que los que deja un coche “normal” principalmente en lo que se refiere a residuos minerales como son el uso de cobre, cobalto, y litio. Ni hablar de la disposición final de estos minerales cuando el coche cumpla su vida útil. Esto aún no lo vivimos, pero seguro no será sin impacto socio-ambiental.

El capitalismo verde tiene como base un ecofascismo donde los impactos quedan fuera del ojo del consumidor. Es discriminatorio pues alienta la construcción de territorios de primera y de segunda. Los territorios de primera son para aquellos que pueden pagar el “ecofriendly” los que se garantizan una vida sin cuestionar las raíces de la crisis socio-ambiental que vivimos actualmente y los territorios de segunda que son aquellos que asumen (de forma obligada por el sistema) los costos socio-ambientales de todo el modelo de producción-consumo. Aquellos territorios que pierden su forma de vida. Que son violentados con la contaminación de sus tierras, su agua, su aire, su total forma de vida. Que en muchos casos son obligados a migrar a las ciudades donde siguen construyendo territorios de segunda, siendo los invisibles de las urbes.

El proyecto que Bacanora Lithium presenta para Sonora, no dista mucho de ser diferente a los demás proyectos mineros que tienen devastado a más de la mitad del territorio de ese Estado. No, es igual. La única diferencia es que es un proyecto ecofascista, promovido por un gobierno ignorante, cómplice que va creando estos territorios de primera y de segunda que son básicos en un capitalismo verde.

En una última entrega hablare sobre las alternativas a la minería extractiva y las trabas que pone el gobierno para que esta se lleve a cabo.

La minería y el cambio climático

La minería y el cambio climático

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC por sus siglas en inglés) proyecta que las zonas que serán y que están siendo más afectadas por los cambios en el clima son aquellas donde se han ido perdiendo zonas prístinas para darle paso a megaproyectos extractivos que pueden ser desde el turismo de sol y playa, la pesca industrial, las presas y la minería siendo esta última una de las actividades extractivas más peligrosas dentro de la crisis climática, pues una vez que se instala un proyecto minero en un nicho ecológico su razón de ser es la destrucción de la naturaleza para extraer el producto. Una destrucción que no deja probabilidades para la restauración y/o la reparación ecológica.

Dentro de las proyecciones del IPCC para México, se dice que el norte del país por sus condiciones ambientales naturales sumado a la fuerte presencia de la agro-industria y la minería será la región más afectada en el país donde Sonora en lo particular es el Estado más vulnerable. Los cálculos de los especialistas hablan de que para el 2025 el Estado perderá más del 45 por ciento de sus zonas naturales para darle paso a una desertificación inducida donde las dinámicas poblaciones ya de por si vulnerables de un ecosistema desértico como el que tenemos en la mayor parte del estado entrará en riesgo de desaparecer.

Aquí debemos de aclarar que no significa lo mismo ecosistema desértico que desertificación. El primero se refiere a un ecosistema natural con sus propias dinámicas poblacionales, con cierto equilibrio que mantiene un control ante la biodiversidad nativa y las relaciones con los otros ecosistemas cercanos como son, en el caso de Sonora, los ecosistemas de corredor que nacen en las cuencas hasta llegar a los deltas que se encuentran dentro del desierto. Cuando hablamos de desertificación estamos hablando de una condición de riesgo donde las actividades humanas ponen en peligro ecosistemas (desierto y vegetación de corredor) y con ellos se pone en riesgo también la vida humana, es decir, las comunidades que viven en estas regiones.

Y si se proyecta la pérdida de más del 45 por ciento de las zonas naturales entonces el agua también se pone en riesgo por lo que los especialistas proyectan que para el 2030, Sonora tendrá un 60 por ciento menos de agua disponible de la que tenía hace 30 años. Un riesgo siempre asociado a los procesos de desertificación, y donde la industria minera contribuye considerablemente pues al ser una industria que destroza montañas para extraer minerales lo que está haciendo en realidad es matar las zonas donde nacen los ríos, las cuencas, dejándonos sin los mayores productores de agua tanto para los procesos de la naturaleza como para las actividades humanas.

De nuevo, en Sonora en los últimos años la temperatura ha aumentado un grado, suficiente para que en el caso de Siria se perdieran más del 80 por ciento de los cultivos y más del 90 por ciento del ganado con lo que se dio una migración del campo a la ciudad dando como resultado una guerra civil que ha dejado cientos de miles de refugiados ambientales sirios. Se tiene que entender que Sonora está en un riesgo mayor. Si la actividad minera es, solo en la extracción, la responsable del 9 por ciento de los Gases de Efecto Invernadero y si tenemos al 95 por ciento del territorio sonorense en riesgo socio-ambiental por la extracción y perdida de ecosistemas, es urgente planear medidas de medidas de mitigación, pero sobretodo de adaptación en esta industria.

Estas medidas no pueden ser más que la prohibición total de la extracción minera dando paso a la minera urbana como la forma de recuperar material descartado y ponerlo de nuevo en el ciclo de los residuos-producción. La ley estatal de cambio climático no contempla esto, al contrario, lo deja fuera permitiendo que tanto la industria minera como la agro-industria sigan fortaleciendo el modelo de producción-consumo.

La crisis climática tiene en el modelo de producción-consumo su principal causa, es decir, este modelo extractivo y privatizador que desde mediados del siglo pasado se ha convertido en el modelo hegemónico es el responsable de que en la actualidad tengamos consecuencias tan desastrosas en el mundo como lo es el cambio climático. No hay más, es por eso que proyectos que nacen dentro de lo que se conoce como “capitalismo verde” son proyectos que siguen la misma lógica de cualquier otro proyecto dentro del sistema capitalista. Externalizar los costos socio-ambientales con la naturaleza y las comunidades e internalizar las ganancias económicas. El proyecto de Bacanora Lithium es un proyecto dentro del capitalismo verde. No es ambientalmente responsable y dejará a las comunidades cercanas con muchos problemas socio-ambientales.

En la próxima entrega hablaremos del eco-fascismo de la industria del litio y como estas prácticas del capitalismo verde son aún más peligrosas para la naturaleza y las comunidades humanas.

Jorge Tadeo Vargas

@primaindie

Industria minera y Gobierno: cómplices del colapso

Industria minera y Gobierno: cómplices del colapso

Sonora ha sido históricamente un Estado minero, su posición geográfica/geológica y su gran extensión territorial se lo han permitido. Es un Estado tan dominante en esta actividad extractiva que aproximadamente más del 50 por ciento de la producción minera en México viene de Sonora, donde se tienen más de 43 mil kilómetros cuadrados concesionados a la industria minera con más de 5 mil concesiones. La mayoría de ellas son concesiones a empresas mineras transnacionales que tienen sus oficinas generales en Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, China y la India entre otras. El 23 por ciento del territorio estatal les pertenece a estas empresas.

Ante este panorama sería imperativo que el Estado tuviera una ley minera, una ley estatal que sirviera para regular, prevenir y sancionar los posibles impactos que genera una industria tan contaminante como esta. Y claro que tiene una ley estatal, pero no es para regular muchos menos para prevenir y nada de sancionar, es una ley para la promoción de la minera, para la protección, para el beneficio del sector minero por sobre otros sectores (léase agropecuario, turístico…) y donde la salud ambiental y humana de las comunidades cercanas a un proyecto minero no son tomadas en cuenta. No existe.

Y su usted no lo cree, basta con remontarse unos años atrás con el derrame en la Cuenca del Río Sonora que sigue sin resolverse o el caso de la mina Mulatos de la empresa Álamos que sigue causando serios daños en la parte alta de la Cuenca del Rio Yaqui, sin que esto se mencione en los medios, ni mucho menos se busque una solución a los impactos socio-ambientales que esta mina provoca.

Panorama en Bacadéhuachi, Sonora

Ante un panorama adverso socio-ambientalmente hablando, donde falta un cumplimiento de las regulaciones mínimas que tiene la industria minera a nivel nacional, con un territorio estatal colapsado por la industria agropecuaria, el crimen organizado, el mega turismo de sol y playa que han dejado como consecuencias una sequía histórica que ha generado ya cientos de desplazados forzados que migran a las ciudades o más allá de los fronteras impuestas por los países, el Gobierno del Estado, dirigido en este momento por Claudia Pavlovich hace unos meses anunció con bombo y platillo la llegada de una nueva empresa minera al Estado. Esta empresa inglesa/australiana llamada Bacanora Minerals (nombre absurdo por lo que significa Bacanora para los sonorenses) piensa explotar una veda de litio cerca de Bacadéhuachi, en la Cuenca Alta del Río Yaqui, perteneciente al afluente del Río Bavispe con una inversión inicial de 420 millones de dólares y se calcula que para el 2020 que la mina comience operaciones se extraerán en el primer año 17 mil 500 toneladas de carbonato de litio para aumentar hasta llegar a las 35 mil al año.

¿Para qué se usa el litio? Bien, una vez que el carbonato de litio pasa por un proceso de depuración para quedar solo como litio, un proceso que genera residuos tóxicos que, en grandes cantidades como los que esta mina dejara son dañinos para la salud ambiental y humana. Se usa para baterías de equipos electrónicos como smartphones, laptops, tablets pad, entre otros incluidos los automóviles eléctricos. En este caso, la empresa ha dicho que ellos tienen un contrato con Tesla Company para proveerle el litio necesario para los automóviles eléctricos que esta empresa está construyendo en masa.

Mina Mulatos, en Álamos, Sonora.

Dejemos fuera la obviedad de que los automóviles eléctricos son una falsa solución a la crisis socio-ambiental que vivimos, pues estos se mantienen dentro del mismo modelo de producción-consumo lineal y extractivo que sostiene a este sistema capitalista. Más allá de la crítica que ya se la ha hecho a Tesla Company por muchos motivos, entre ellos, la contaminación que provocan sus autos eléctricos, principalmente sus baterías, el discurso del gobierno estatal de que con esta minera “ecológica” se está promoviendo el uso de energías renovables no solo es irresponsable, sino es ignorante, falto de cuidado en informarse para no caer en falsas soluciones o discursos tontos y vacíos, sin fundamento científico.

Si el material con el que se va producir la energía viene de la extracción y este no puede renovarse (como es el caso de la minería) no es renovable, decirlo es contradictorio. Es ignorar lo mínimo de las dinámicas ecológicas y conceptos básicos como renovable y/o sustentabilidad.

Es importante señalar que esta nueva empresa no viene a generar un impacto positivo en la región, al contrario, si vemos todos los casos de proyectos mineros en los últimos 20 años, el impacto ha sido negativo, tomemos el ejemplo de la mina Mulatos donde los impactos negativos son una realidad con la que viven día a día los habitantes de esta comunidad. Incluida la criminalización y las amenazas a los que alzan la voz.

Más allá de los discursos de la empresa y el gobierno, los impactos negativos sobre las comunidades humanas y la naturaleza son de todos conocidos, especialmente en un Estado tan golpeado por la industria minera. La actividad minera extractiva como lo es la extracción del litio genera contaminación del agua, perdida de acuíferos, más sequía, perdida del paisaje natural lo que trae consigo la desaparición y/o migración de flora y fauna, altas cantidades de residuos tóxicos, enfermedades relacionadas con la extracción de los minerales que en este caso van de problemas en el sistema nervioso, respiratorio, quemaduras si se exponen directamente al químico, hasta la muerte. También genera el desplazamiento forzado de personas que pierden su forma de vida.

La idea de la minería sustentable que nos han querido vender tanto la industria minera como sus cómplices dentro de los gobiernos, es una mentira: no hay sustentabilidad en demoler montañas para extraer los minerales que tienen en sus entrañas.

No hay lógica ambiental en destruir, deforestar, contaminar ecosistemas que pueda entrar en ningún concepto de sustentabilidad, por lo tanto, los gobiernos que permiten la minería están atentando contra la justicia socio-ambiental de las comunidades y la naturaleza. La única alternativa medianamente posible y responsable de practicar la minería es mediante la minería urbana, pero de eso hablare en otra ocasión.

Por Jorge Tadeo Vargas @primaindie

 

Los océanos agonizan y en respuesta establecemos un Día Mundial

Los océanos agonizan y en respuesta establecemos un Día Mundial

Lo primero que nos viene a la mente cuando hablamos o pensamos en los océanos o mares, son sus costas, las playas donde nos vamos a descansar, donde pasamos nuestras vacaciones y que a base de cierta domesticación mediática pensamos que son el lugar ideal para el descanso de la vida de la ciudad. Asociamos vacaciones con turismo de sol y playa. Estamos condicionados a ello. Lo segundo que se nos viene a la mente es la comida. Pescados, mariscos, son comida que también asociamos como comidas no solo de buen sabor, sino que nos da cierto estatus comerlas. Es un tema de clase.

¿Quién no disfruta de estos supuestos placeres que nos dan los océanos? ¿Quién no cree que sentarse a ver un atardecer en la playa es de las mejores experiencias que les puede pasar? Los océanos son importantes para nuestro hedonismo capitalista.

Sin embargo la realidad es otra, es mucho más oscura, deprimente y aunque visible preferimos ignorarla: los océanos están al borde del colapso ecológico. Están a punto de convertirse en espacios sin vida. ¿Cuál es la causa? Existen algunas, pero las más importantes son: la sobrepesca, principalmente la industrial, la contaminación, el turismo de sol y playa y el cambio climático. Estos cuatro factores están contribuyendo directamente con el colapso de los océanos.

Hablemos de la sobrepesca: más del 80 por ciento de las zonas pesqueras en el mundo está sobreexplotada, es decir que se está pescando más de lo que las especies capturadas por las redes de arrastre son capaces de reproducir en su tiempo y forma. Muchas de estas especies ya están dentro de la zona roja de peligro de extinción donde muchas de ellas ni siquiera son especies comerciales, sino que son arrastradas a los barcos-factorías para después ser rechazadas. La pesca industrial afecta severamente la biodiversidad marina y sus técnicas de pesca hacen complicado que se cumplan con ciertas regulaciones como lo es la pesca tradicional o familiar donde incluso los tiempos de veda es más fácil cumplir y vigilar que se cumplan. El modelo de extracción de especies comerciales por medio de los barcos-factorías no es compatible con los océanos y sus dinámicas de poblaciones. Este debe desaparecer.

Una de las principales fuentes de contaminación de los océanos es las fugas de pretróleo que se dan de manera permanente, principalmente en las zonas de extracción. Pero también las aguas residuales que llegan a las costas son muy dañinas, pues es en esas costas donde ocurren la mayor parte de los procesos de reproducción de mucha especies marinas, especialmente invertebrados bentónicos o algunas especies de peces. Las aguas residuales contienen altos grados de contaminación de distintos niveles como son la aguas negras residuales de las ciudades o las aguas industriales contaminadas con metales pesados o agrotóxicos.

A esto le tenemos que sumar que, en los últimos 50 años los océanos se han convertido en la disposición final de más de 10 toneladas métricas de plástico al año con lo que la muerte de cientos de miles de especies marinas se viene dando de manera sistemática. Los esfuerzos que se vienen haciendo para evitar que el plástico llegue a los océanos quedan en buenas intenciones pues no quedan más que en eso. La prohibición del plástico de un solo uso debe ser una política impulsada a nivel global donde se obligue a los productores de plástico a dejar de hacerlo. Esto no solo sería benéfico para los océanos sino en general, pues un buen porcentaje del petróleo que se extrae se usa para la producción de plástico tanto en el uso de energía como en el producto final. Si tenemos en cuenta que se proyectó según la industria del plástico para el 2050 duplicar la producción estamos ante un escenario nada favorable.

El turismo de sol y playa es la actividad turística que más realizan los seres humanos en todo el mundo. Esto ha llevado que ciertas zonas costeras con mayor demanda turística estén en riesgo de desaparecer. Las razones principales es que la construcción de grandes hoteles como los que necesita esta actividad generan perdida de líneas costeras con lo que se genera una erosión en la playa y la migración de ciertas especies. El aumento de la intensidad de los huracanes también está relacionado con esto, además de la perdida de vegetación principalmente de zonas de manglares que de forma natural son una barrera contra estos fenómenos naturales. No es casualidad que el impacto de los huracanes sea mayor en las zonas con mayor afluencia turística. Los huracanes están relacionados el deterioro ambiental en favor del turismo y la intensidad con la que llegan. Y si esta le sumamos que actividades como la pesca tradicional terminan por desaparecer para darle paso al turismo, el impacto incluso se siente en la economía local.

Por último, el cambio climático que no es sino la consecuencia de los impactos ecológicos de esto modelo de producción-consumo y donde los océanos no solo no se han salvado, sino que al ser ecosistemas donde se llevan a cabo gran parte de las dinámicas de control del clima, la afectación ha sido mucho mayor. Desde la acidificación de los océanos que no permite que ciertas especies se reproduzcan o lleven a cabo sus procesos, los cambios en las corrientes marinas, la perdida de especies relacionadas con la producción de CO2, son consecuencias directas del cambio climático y causas secundarias de los efectos en todo el mundo. Este calentamiento global tiene como cómplice a todos los otros factores de impactos que mencionamos en este texto, por lo que el cambio climático es una causa-consecuencia de un modelo de producción-consumo muy alejado de los procesos ecosistémicos que permiten un equilibrio en el planeta.

Celebrar el Día Mundial de los Océanos como nos invita la ONU de manera muy tibia, sin compromisos de ningún tipo es tan absurdo como celebrar el día mundial de la tierra o cualquier otro de estos días que se presentan como una oportunidad para el sistema se pinte la cara de verde, sin hacer una verdadera critica a este modelo que nos tiene a punto del colapso.

Por: Jorge Tadeo Vargas. @primaindie

Cuando reciclar no es suficiente: la lucha contra la industria del plástico

Cuando reciclar no es suficiente: la lucha contra la industria del plástico

Los avances tecnológicos en teoría son para proporcionar mayor bienestar a las sociedades humanas. Este ha sido le argumento que se mantiene desde la revolución industrial a la fecha.

Todo lo que hemos avanzado en tecnologia nos permite tener el confort y bienestar del que supuestamente gozamos los seres humanos. Los impactos socio-ambientales generados por este desarrollo pocas veces se toman en cuenta y cuando se hace se ven como daños colaterales, necesarios para el progreso de la civilización humana, aunque desde que el capitalismo se ha convertido en el sistema de gobierno hegemónico, estos impactos se ven como una oportunidad de hacer negocios.

No solo los impactos, en general el modelo de producción-consumo se basa en una economía sin limites (al menos eso dicen los economistas) donde se extraen bienes naturales finitos dejando una seria crisis socio-ambiental pagada por la naturaleza principalmente y por las poblaciones humanas más vulnerables, casi todas ellas  viviendo en el Sur Global lo cual ha generado una deuda ecológica enorme entre el Norte y el Sur.

Uno de los ejemplos más claros son los hidrocarburos y como estos revolucionaron por completo los últimos dos siglos. El uso de combustibles fósiles para la producción de energía cambio por completo la geopolítica del mundo trayendo consigo un nivel de modernidad inesperado. También trajo una crisis climática histórica que en los próximos 20 años cambiara por completo la geopolítica global.

Los hidrocarburos también nos trajeron el plástico el cual vino a modificar a todas las sociedades humanas así como nuestra relación con nuestro entorno ecológico inmediato y nuestro entorno global. La entrada de los plásticos a nuestra vida diaria nos trajo un cambio radical en el tipo de residuos que comenzamos a producir, un cambio en todo el modelo de producción-consumo el cual se vio ampliamente beneficiado con esto.

El cambio que se dio es profundo, sistemático. Un cambio que por más que haya traído beneficios los impactos negativos son aún mayores. Aquí unos datos del plástico en el mundo pues ahora que nos estamos ahogando en éste es cuando se comienzan a buscar alternativas:

Se calcula que desde mediados del siglo pasado a la fecha se han producido alrededor de 9,000 millones de toneladas de plásticos en el mundo. Menos del 10 por ciento ha sido producido con material reciclado, es decir que la mayor parte de estos tienen como materia prima a los hidrocarburos. La disposición final de mas del 90 por ciento de la producción termina en rellenos sanitarios (los menos), en tiraderos clandestinos, en cuencas hidrográficas (los más) y por último en los océanos ya sea por las corrientes de los ríos o directamente en las costas. Mas de diez toneladas métricas de plásticos al año terminan en las corrientes marinas o en la ingesta de las distintas especies que viven en los mares y las costas. Al año mueren un millón de aves costeras por la ingesta de plásticos. Esto sin contar otras especies como las tortugas marinas, algunos mamíferos, peces y si tomamos en cuenta la cadena trófica gran parte del plástico termina en nuestros estómagos al comer especies marinas contaminadas.

Algunos investigadores hablan de que para el 2050 habrá más plástico que peces en los océanos del mundo. Si tenemos en cuenta el papel tan importante que juegan estos en el mundo, tanto para regular el clima, en la captura de CO2, en la economía de muchos países, la situaciones se complica.

Ahora bien, los océanos se ha convertido de cierta manera en el foco de defensa de muchas organizaciones principalmente conservacionistas y/o trasnacionales que buscan generar un cambio en el uso del plástico en el mundo. Buscan medidas que aunque importantes no están poniendo en jaque al modelo de producción-consumo sino que de cierta manera se quedan – de nuevo – en lo que es políticamente posible proponiendo reformas que no quedarán sino en soluciones de final de tubería donde las corporaciones transnacionales serán las beneficiadas con ellas. Coca Cola, una de las mayores empresas consumidoras de plásticos, plantea (lo anunció en Davos, Suiza con bombo y platillo) que para el 2025 cambiará el total de sus envases de plástico. Una medida que se antoja muy poca y muy tarde.

El plástico nos trajo una cultura del “usar y tirar”, de la obsolescencia programada y de la obsolescencia percibida, nos reafirmó la idea de que todo es desechable, descartable, de que no importa donde termina lo que usamos después de usarlo. El plástico fortaleció el modelo de producción-consumo al grado de que la única razón para que el fracking se mantenga es por la industria del fracking que quiere petróleo más barato. La industria del plástico nos ha quitado la opción de no usarlo. Esta en todas partes. En todo lo que consumimos. Es absurdo pensar en medidas políticamente posibles, no, o se es radical o esta será otra batalla perdida.

Jorge Tadeo Vargas.

@primaindie

La Davos Class y nuestro futuro robado

La Davos Class y nuestro futuro robado

“Vota a Macron, vota a Le Pen. Capital A, o capital B.

Votas a Hillary o votas a Trump.

Vota a quién quieras, no tengo rival.

No me puedes votar pero tengo el poder”

Sons of Aguirre, Privilegiados

Desde hace más de diez años que Davos, Suiza se convirtió en la sede de una reunión a la que se dan cita, jefes de Estado, presidentes y miembros de sus gabinetes y el sector más importante de la clase empresarial. Esa clase que son quienes tienen más poder en el mundo.

En estas reuniones se decide el futuro de todo el planeta, incluida la raza humana, futuro que queda en manos de los que algunas activistas/investigadoras, incluida Naomi Klein han dado por llamar “La Davos Class” y son quienes justamente, digamos –por ser un poco oscuros- desde las sombras van tomando todas las decisiones en materia económica, social y ambiental que repercutirán en las decisiones políticas en todos los gobiernos del mundo, siendo el Sur Global donde más se resiente, pues estas van encaminadas a mantener la hegemonía del modelo de producción-consumo dominante en la actualidad.

La Davos Class sabe exactamente qué es lo que quieren y están mucho más unidos en su objetivo que nosotras, aplican esa máxima neozapatista pero a la inversa. Ellos tienen como lema: “para nosotros todo, para ellos nada” y hacen hasta lo imposible por conseguirlo; desde imponer (por cualquier medio) a presidentes y congresos hasta dictar agendas mediante el financiamiento a ONGs en el Sur Global, principalmente ONGs transnacionales, donde se pueden influir de manera más directa. La Davos Class es el lado oscuro de nuestra realidad. Desde la oscuridad mueven los hilos de todo el mundo. Crean los caminos que mejor les sirven a sus intereses y nos mantienen encerrados en una prisión dividida por fronteras, obsolescencias percibidas, redes sociales, entre muchas otras de sus formas de control.

Este año desde el 23 hasta el 26 de enero se reunieron bajo el lema: “Un futuro compartido: en un mundo fracturado” y es que ¿Qué es una reunión si no tiene un lema al más puro estilo de live coaching? Y la reunión se hace bajo cuatro ejes principales: 1.-violaciones a la seguridad cibernética, 2.-degradación ambiental, 3.-tensiones económicas, y 4.-tensiones geopolíticas. Es decir que en pocas palabras, esta reunión se puede resumir en que las nuevas políticas ambientales, geopolíticas, económicas y de seguridad en internet, se dictaron estos días de reunión y serán el eje para los próximos años. ¿Los temas le suenan familiares? Sí, no se equivoca, son los temas que han echado abajo muchos de los tratados de libre comercio en los últimos años, o al menos son la razón por las que están en pausa la mayoría de ellos. Esto claramente afecta a la Davos Class, por lo que no debe extrañarnos que este año muchos de estos acuerdos comerciales logren avanzar hacia la firma de los mismos; claro, beneficiando al libre comercio y a las corporaciones involucradas.

Susan George, activista/investigadora/escritora plantea que la Davos Class tiene algunos puntos débiles, entre los puntos que menciona esta la falta de ideas e imaginación de esta clase, y su argumento se basa en que básicamente el sistema que sustenta el modelo de producción-consumo actual, es decir el Neoliberalismo no ha cambiado nada desde que Adam Smith escribió “Las riquezas de las naciones” en 1776 y la razón principal es porque no tiene por qué hacerlo, ese futuro distópico que se ve en la película Elysium (Bloomkamp, 2013) donde la clase dominante tiene acceso a todo lo necesario para una vida digna: agua potable, comida sana, naturaleza con aire limpio; la clase trabajadora vive en literalmente zonas de sacrificio sin acceso a ningún bien que los dignifique. Esto ya es una realidad que comenzamos a vivir día a día, sino que le preguntan a la gente que vive en la Triple A de la muerte o en la zona de Irapuato-Silao, dos de las zonas más contaminadas en el mundo. Este futuro cercano nos dice que el fin del neoliberalismo o del capitalismo en todas sus fases no está cercano aún y que éste no es como el que nos imaginamos donde la victoria será de nosotros. Si se da un final será por el colapso civilizatorio al que nos acercamos (El día cero de Ciudad del Cabo es un recordatorio diario de eso) y donde es probable que nosotras paguemos el precio más alto. Lo que se espera dista mucho de ser un final feliz.

A finales de noviembre estuve participando en el foro alternativo que se dio al Foro de la OMC en Buenos Aires, Argentina, en una de las mesas un investigador decía que a pesar de lo que parece, no todo está perdido, pues está en manos de los gobiernos en detener los embates de las corporaciones y el libre mercado. Su tesis descansa en que la democracia electoral nos permite elegir a los gobernantes idóneos para detener al sistema capitalista en todas sus formas y por lo tanto darle la vuelta al modelo de producción-consumo. Mientras lo escuchaba yo solo podía pensar en una canción de ese maravilloso proyecto sarcástico y burlón que son los Sons of Aguirre y una frase que no me podía sacar de la cabeza: “querían pararnos con votos, que monos”.

En Davos las mesas a la hora de la comida se dividen en dos al más puro estilo de Downton Abbey. En una comen los jefes de estado y sus gabinetes y el resto, la Davos Class come en las mesa de gala en el salón principal. Los presidentes solo tienen que responder “sí, amo” a las indicaciones de quienes en verdad tienen el poder.

Por: Jorge Tadeo Vargas.

@primaindie

Matando por el modelo de producción-consumo

Matando por el modelo de producción-consumo

En el 2015 murieron alrededor de nueve millones de personas en el mundo, donde la causa es o está relacionada con alguna exposición toxica ya sea por agua, aire o tierra. Esta exposición puede ser por medio de la ingesta o por la sola presencia de contaminantes. El costo de estas muertes asciende a 4,6 billones de dólares; lo que equivale a 6, 2 por ciento de la economía global. Esto pone a la contaminación ambiental como la principal causa de muertes en el mundo, mucho más que pandemias virales o bacterianas, las guerras, el hambre, o cualquier acto de violencia.

Estos datos tan contundentes fueron revisados y publicados entre otros por el epidemiólogo Philip Landriga, director de salud global en la Escuela Icahn de Medicina en Mount Sinaí, Nueva York, en la revista médica The Lancet. Entre lo destacado del texto del Dr. Landriga es que el 92 por ciento de las muertes ocurren en países en vías de desarrollo, lo cual es una forma políticamente correcta de decir que ocurren en el Sur Global y estas son producidas por el modelo extractivo; aunque esto si lo menciona en el texto.

Asia y África son los países que más muertos ponen en este conteo con alrededor de cinco millones; el resto se reparte entre Latinoamérica y algunos países del Norte Global. Este estudio es el primero estudio que intenta recabar datos e información sobre enfermedades y  muertes por contaminación manejando dos factores: el conteo geográfico de estas consecuencias, así como los costos económicos de los mismos. Aseguran que una vez que se tengan nuevos métodos y marcos teóricos para la investigación los números pueden aumentar.

Los factores que menciona el estudio como detonantes de la contaminación y sus consecuencias son la pobreza, gobiernos con políticas y regulaciones muy laxa y la corrupción como factores sociales. El otro factor importante que mencionan los autores es que la población no siempre percibe los síntomas de la contaminación ambiental, ya sea por falta de información, porque esta ocurre a mediano o largo plazo y se van “acostumbrando” o simplemente al ser dispersa no asocian sus enfermedades y muertes con esta causa.

Lo interesante de este estudio es, como bien lo mencionan sus autores, ser de los primeros que se hacen relacionando contaminación-enfermedades/muertes-industria extractiva para tener información científica seria de las causas, consecuencias y culpables.

Esta información es clara; lo que estamos haciendo, el modelo de producción-consumo no solo tiene en jaque a la naturaleza sino tienen en jaque a la civilización entera y desde aquí podemos partir hacia un análisis mucho más amplio sobre lo que no se dice en el estudio pero que de cierta manera queda implícito.

Primero: existe una relación directa entre la industria extractiva, la privatización de los bienes comunes y la pobreza que conlleva enfermedades y muertes en las zonas más vulnerables del Sur Global. Esto sin contar las medidas que usan las empresas transnacionales para entrar a los territorios dentro del sur que son ya de por sí criminales, violentan los Derechos Humanos y en muchas ocasiones dejan presos, desplazados y muertes.

Los otros afluentes perversos son la falta de regulación por parte de los gobiernos cómplices, la corrupción y la cadena lineal de producción que va generando residuos tóxicos en todos sus eslabones contribuyen al deterioro ambiental que da como resultado desplazados socio-ambientales, enfermedades y más muertes.

Segundo: las empresas extractivas que tienen su cuartel general en países del Norte Global manejan un doble discurso, característica del capitalismo y sus representantes. Por un lado manejan el discurso de economía verde,  desarrollo sustentable, responsabilidad empresarial; todo desde un discurso vacío, ficticio.

Por otro lado, dentro de la realidad que viven las comunidades afectadas por la industria extractiva y el modelo de producción-consumo, los impactos en la salud ambiental y humana se perciben desde hace años y estos van en aumento conforme el modelo se posiciona en su hegemonía. A pesar de su discurso vacío, en la realidad no solo nos estamos acabando los bienes comunes que son finitos; sino que estas empresas están acabando con la salud humana.

Hace años una organización en la que colabore tenía como lema la frase: “información para la acción”. Los datos de este estudio, aunque se pueden mejorar, es importante que se retomen con más detalle, como por ejemplo desde una perspectiva de género, etnias, tipo de industria, etc. Sin embargo, con la información que se ha recabado es claro que la era antropocénica está llegando a su fin y esto va generando un colapso civilizatorio del cual no podremos salir de continuar con este modelo de producción-consumo lineal, extractivo y privatizador.

Por: Jorge Tadeo Vargas J.

@primaindie

Más allá del cambio climático está el modelo

Más allá del cambio climático está el modelo

En la India, Nepal y Bangladesh han muerto más de mil personas en los últimos dos años, consecuencia de los monzones (huracanes) que han azotado la región. Se calcula que por el mismo motivo cuarenta millones de personas se han visto afectadas, donde la gran mayoría ha tenido que migrar de forma forzada convirtiéndose en refugiados ambientales.

En Estados Unidos, el Huracán Harvey puso en jaque el sureste de ese país, donde más de treinta personas han perdido la vida y miles se quedaron sin hogar. La única diferencia de lo que ocurre en India, Nepal, Bangladesh y otros países es la cobertura mediática global, por lo que pocas personas ignoraron la gravedad de este desastre. De igual forma la prensa ha puesto en alerta de la llegada del Huracán Irma al Estado de Florida, un huracán mucho más fuerte que Harvey y que puede hacer más daño. Especialistas mencionan que es posiblemente el fenómeno de este tipo más poderoso de los últimos veinte años.

El Huracán Irma en su paso por el Caribe va dejando un daño incalculable; tan solo en Antigua y Barbuda, este huracán ha dejado a más del sesenta por ciento de la superficie está bajo el agua; así como el noventa y cinco por ciento de sus edificios se han perdido, incluidos sus hoteles cercanos a las costas. Esta es el panorama general en este momento de todas las islas del Caribe por donde Irma ha pasado.

Al momento de escribir estas líneas se dirige a Republica Dominicana y Haití; llegando a Cuba y Florida este jueves por la noche o viernes por la madrugada. No se proyecta que su intensidad de categoría cinco, con vientos de hasta 300 kilómetros por hora vaya a disminuir. Los costos de los daños aún son incalculables; así como las posibles reparaciones que se necesitaran para poner en marcha de nuevo a estos países del Sur Global, los cuales ya tienen una deuda ecológica y social bastante grande.

Para Estados Unidos el panorama es aún más complicado pues en menos de un mes golpearán en sus costas dos huracanas de categoría superior a cuatro. El impacto económico es similar o mayor al impacto socio-ambiental que se vive en estos momentos y del cual se necesitarán planes a largo plazo para salir avante. Situación harto complicada si tomamos en cuenta al actual gobierno federal y sus políticas.

Ante los medios de comunicación vuelve aparecer el mismo culpable de los últimos años: el cambio climático. Así, a secas, esa es la causa de que los huracanes hayan aumentado en su intensidad, fuerza y número. Sin embargo, la perspectiva que le dan es como si el cambio climático estuviera desasociado de nuestra forma de vida, del modelo de producción-consumo y del sistema capitalista que fomenta la privatización y extracción de la naturaleza. Estos procesos no solo contribuyen al calentamiento global, sino que son responsables directos de la crisis civilizatoria que vivimos actualmente y el inminente colapso al que estamos entrando en este fin de la era del antropoceno.

Más allá del cambio climático como lo manejan los medios de comunicación masivos, los cuales lo alejan del modelo de producción-consumo y lo acercan más a una problemática intangible, sin relación con nuestra forma de vida, podemos o tenemos que mencionar algunos ejemplos.

En el caso de las Islas del Caribe, que tienen como principal fuente de ingresos en el turismo de sol y playa, se ha ido perdiendo más del ochenta por ciento de sus zonas de manglares y humedales, mismas que son barreras naturales contra este tipo de fenómenos, además de cumplir otra serie de servicios ambientales de los cuales no hablaremos en este momento.

Un caso similar es la India y Bangladesh; ahí ocurre lo mismo,  la tendencia es igual en todo el mundo. Desaparecer zonas naturales para darle paso a espacios artificiales. El caso de Houston es similar. Esta ciudad ha encementado mas del setenta por ciento de sus zonas de humedales por lo que han perdido la capacidad de gestionar adecuadamente quince mil millones de litros de agua (cantidad aproximada de agua que dejó el Huracán Harvey a su paso por la ciudad) con lo que la inundación en la ciudad era de esperarse, así como los impactos socio-ambientales que se generaron y generarán en toda la región metropolitana. Los impactos en las zonas de sacrificio, donde están instalados los polígonos industriales aumentan considerablemente. Al ser una región petroquímica el riesgo es altísimo.

Houston es un ejemplo significativo de un modelo de ciudad imperante que poco a poco ha ido perdiendo su armonía para darle paso a una política del colapso, a un modelo de ciudad que tiene como base y sustento, un modelo de producción-consumo extractivo, destructor, desagregado de la naturaleza y sus dinámica.

Quedarnos con la idea de que los impactos que dejan los huracanes es culpa del cambio climático, sin darle a este las dimensiones de consecuencia de un modelo de producción-consumo, de una forma de vida, sin llegar a la causa-raíz del problema, es no tener el panorama completo. Es dejar fuera de la ecuación a las causas principales que hacen al cambio climático y al modelo de ciudad, consecuencias principales que generan severos impactos en la naturaleza y por añadidura a los seres humanos.

Jorge Tadeo Vargas @primaindie

Director de Campañas en el Laboratorio de Investigación en Desarrollo Comunitario y Sustentabilidad (Lidecs).

 

Desaladora: cerrando los compromisos del SONORA SI

Desaladora: cerrando los compromisos del SONORA SI

El gran proyecto de la administración de Guillermo Padrés para el Estado de Sonora, cuando fue gobernado, no fue el Acueducto Independencia como se podría pensar. Este era parte de un mega-proyecto que llevaba por nombre SONORA SI (sistema integral) que comprendía una serie de proyectos hidráulicos locales y regionales;  entre los cuales se encontraban dos desaladoras que estarían ubicadas una en Puerto Peñasco y la otra en la zona de Guaymas y Empalme.

Como la mayoría del SONORA SI, estas solo quedaron en papel; el desgaste social que ocasionó el Acueducto Independencia y la Presa Bicentenario en Pilares no permitieron avance en las demás obras planificadas; incluso muchas de ellas quedaron con la licitación a medias y tanto Guillermo Padrés en particular, como el gobierno del Estado en general se quedaron con una serie de compromisos que de una forma u otra tenían que cumplir.

De Padrés es de sobra conocido lo que ha pasado con su vida en los últimos meses; donde los grupos de poder han cobrado caro su falta de responsabilidad para cumplir sus compromisos. Mientras, el gobierno actual hace lo necesario para cubrir alguno de ellos y aquí se vale preguntar: ¿Cuáles eran los más fáciles y rápidos? Las desaladoras; principalmente la proyectada para los municipios de Guaymas y Empalme. ¿Por qué motivos? El primero es que cumple con las condiciones históricas de un reclamo por parte de las comunidades que ven afectado su acceso al agua principalmente por la competencia desleal contra la industria del turismo en esa zona. Esta industria es la que en estos momentos está siendo afectada por la situación agravante de crisis hídrica que va en aumento, causada principalmente por el trasvase de la cuenca del Río Yaqui; a la cual pertenecen estas dos poblaciones y que dicho trasvase es parte del Acueducto Independencia que lleva agua hacia la ciudad de Hermosillo.

Es decir, el trasvase generó un impacto directo en la cantidad y calidad de agua de una de las cuencas más afectadas, si no de todo el país, al menos si del Noroeste; donde la actividad minera, las hidroeléctricas y la agro-industria; así como el turismo de sol y playa han contribuido para la crisis hídrica que se vive en esa cuenca; que sumado al Acueducto tenemos una cuenca dañada de manera sistémica e integral y que al parecer no se está buscando una solución que permita recuperarla, sino todo lo contrario.

Es así como la nueva administración estatal con Claudia Pavlovich a la cabeza anuncia con bombo y platillo la construcción de esta desaladora, así como la licitación para la misma. Esta noticia no nos debe tomar por sorpresa, es solo la continuidad de una política hidráulica, pensada en generar ganancias económicas para ciertos grupos de poder, sin tener un cuenta, ni poner en marcha soluciones reales, sustentables y sostenibles para darle batalla a la crisis hídrica que se vive en todo el Estado. Es el capitalismo funcionando a lo que da; aprovechando las crisis que ellos mismos ocasionan para generar negocios para su provecho.

Esta desaladora que en un inicio pretende proveer de 72,000 litros de agua tratada al día, no es suficiente para las necesidades de estas dos ciudades; por lo  que se tendría que priorizar entre el consumo humano y la industria del turismo: ¿a quién cree usted que se le dará prioridad? Si entendemos que es un proyecto donde participan tanto el gobierno del estado como la iniciativa privada; pero como en este tipo de proyectos la mayor inversión viene de fondos públicos –se tiene destinado 350 millones de pesos del gobierno federal a fondo perdido, la mejor manera de llevar a cabo cualquier proyecto donde la corrupción es fácil de llegar – generando una deuda pública; además de acrecentar los impactos ambientales que ya se viven en toda la región.

Claramente este es un proyecto de final de tubería; que parte de una política hidráulica, misma que sigue siendo el modelo imperante para la gestión del agua y las cuencas hídricas, sin importar quien esté tomando las decisiones en ese momento, una política hidráulica que beneficia a ciertos grupos con poder económico, externalizando los impactos socio-ambientales con las poblaciones cercanas y con la naturaleza e internalizando las ganancias económicas.

Los impactos que generan las desaladoras están ampliamente documentados y estos son principalmente en las zonas costeras de los océanos, pues se necesita “limpiar” territorios naturales para la construcción de la infraestructura necesaria dañando sitios de anidación de distintas especies de aves marinas.

El cambio en el pH por la desalación y extracción de agua genera un cambio en la zonas de reproducción de la mayoría de las especies comerciales de peces e invertebrados pelágicos, desplazando también a los pescadores primero por la ocupación de sus territorios para la construcción de la infraestructura de la planta desaladora y segundo por la pérdida de especies marinas, con lo que tienen que buscar nuevas formas de ganarse la vida. Con suerte algunos de ellos terminan trabajando en la industria del turismo ya sea de manera informal o formal; de una forma muy precaria.

Esto genera una serie de injusticias socio-ambientales que no se ven solucionadas con la construcción de la desaladora; al contrario, el proyecto mismo es el responsable directo de ellas; pues no se construye para solucionar problemas de la población en general, su lógica es darle fuerza y continuidad, ya sea a la industria del turismo, como en este caso en particular o a la industria en general si vemos la construcción de desaladoras como la solución a los problemas de agua.

El anuncio de este proyecto trajo de vuelta a la mesa, al menos de forma mediática, la discusión de la planta desaladora para la ciudad de Hermosillo. Ese es un proyecto que ha sido rechazado por la sociedad en un par de ocasiones y que no es parte del antiguo mega-proyecto SONORA SI, pero si es plan que por mucho tiempo algunos empresarios hermosillenses tienen en la mira.

Con esto las “voces críticas” se han dejado escuchar; si esas voces de investigadores, académicos que desde la visión tecnócrata, capitalista, con muy poco o nada enfoque ecosistémico, declaran que no se necesita un proyecto de este tipo, pues Hermosillo tiene solucionado el problema de abastecimiento de agua por los próximos veinte años, gracias al Acueducto Independencia. Si estos investigadores no ven la incongruencia de sus declaraciones; entonces es entendible por qué se vive una crisis hídrica tan profunda.

Primero, la razón de la desaladora en Guaymas-Empalme se instala bajo la premisa de un problema de escasez de agua, escasez ocasionada por el trasvase, sin él es probable que no fuera necesaria la desaladora y se tendrían que buscar opciones para el abastecimiento en la capital del Estado. ¿La desaladora? Es posible que fuera la propuesta del gobierno estatal antes de buscar una verdadera gestión integral de cuencas. La segunda incongruencia es pensar que veinte años es tiempo suficiente para declarar que no se necesitan políticas hídricas sustentables y sostenibles –las desaladoras no son ni lo uno, ni lo otro- Si estos son los investigadores académicos que dictan la línea a seguir; se ve claramente que esta línea va de la mano del sistema neoliberal capitalista y no de los enfoques ecosistémicos y de justicia socio-ambiental.

La falta de una política pública integral para la gestión de cuencas hidrográficas, basada en enfoques ecosistémicos, es la que ha venido generando la crisis hídrica que se vive en el Estado, el país, el mundo y de la cual no se saldrá mediante políticas hidráulicas de final de tubería.

Jorge Tadeo VargasCoordinador de campañas en el Laboratorio de Investigación en Desarrollo Comunitario y Sustentabilidad, LIDECS

Trump y las farsas del Acuerdo de París

Trump y las farsas del Acuerdo de París

El pasado primero de junio; el gobierno de los Estados Unidos que encabeza Donald Trump, inicio la salida de este país del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, un acuerdo histórico por ser el que más países han firmado, en todos los años que llevan las Conferencias de las Partes sobre Cambio Climático de la ONU, conocidas como COP.

Este inicio de la salida oficial es más una estrategia mediática que una salida real, pues los mecanismos para dejar este acuerdo (igual que los otros acuerdos alcanzados en las distintas COPs)  dicen que esto no es posible hasta noviembre del 2019, cuando Estados Unidos puede presentar su carta de salida, la cual se ratifica hasta un año después, es decir en noviembre del 2020.

Aunque este procedimiento es mucho más largo de lo previsto, el mismo acuerdo plantea que los países firmantes no tienen ningún compromiso vinculante que los obligue a cumplir con nada de lo firmado, así que mientras Trump deja claro que el país que representa saldrá del acuerdo de París o mínimo renegociará algunos de los puntos del acuerdo, cosa que no existe dentro de lo firmado; nada de esto se puede dar y sigue siendo una estrategia mediática, como lo han sido cada una de las promesas de campaña que en papel ha cumplido, pero que en teoría no son más que placebos para ir ganando tiempo y mantener dentro de sus políticas ambientales el uso de los combustibles fósiles como la forma hegemónica de producir energía.

Veamos en realidad que significa la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París; cuales son los impactos negativos que pueden resultar tanto a nivel global como a nivel regional. Primero tenemos que dejar muy claro que en ninguna de las 21 COPs que se han celebrado a lo largo de los años se ha logrado un compromiso real de reducción de los Gases de Efecto Invernadero, causantes primarios de la crisis climática. A lo mucho han servido como cartas de buenas intenciones, sin mecanismos vinculantes que vayan encaminados a lograr un digamos mediano éxito en lo que se proponen.

Tan es así que en los últimos 21 años, mismo años que tiene la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático, el aumento ha sido tan agresivo que ya tenemos por lo menos un par de año de haber llegado al punto del NO retorno.

Ningún acuerdo firmado, ningún compromiso adquirido ha servido para reducir y/o mitigar los efectos, principalmente porque estos efectos pocas veces se interrelacionan en estas reuniones con el modelo de producción-consumo y, las otras crisis que el capitalismo está causando en el mundo; crisis económicas, sociales, ecológicas que van de la mano de la crisis climática y no pueden ser vistas de manera aislada; al contrario, el colapso inminente al que estamos llegando como civilización es mucho más complejo y se tiene que ver como un colapso sistémico ocasionado por un modelo de producción-consumo insustentable e insostenible.

Sin embargo, en lo que las COPs han tenido un éxito mayor es en convertir la crisis climática en una oportunidad de negocios para las corporaciones transnacionales y los gobiernos del Norte Global; cada una de estas reuniones a fortalecido los Mercados de Carbono, convirtiendo las medidas de mitigación y adaptación de las que tanto hablan, en negocios internacionales, que van causando una serie de injusticias socio-ambientales alrededor del Sur Global; claro, con una complicidad implícita por parte de los gobiernos de estos países.

Desde los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), a el programa de Reducción de Emisiones causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD, REDD+, REDD plus) hasta las  acciones de mitigación apropiadas a cada país (NAMAs) solo han servido para fortalecer la economía capitalista y aumentar los costos socio-ambientales a nivel local, regional y global. Por lo tanto hablar del Acuerdo de París o de cualquier otro acuerdo, protocolo, mandato que haya salido de estas reuniones, es hablar de fracasos para el planeta y de éxitos para el modelo de producción-consumo y el capitalismo.

Regresando a la pregunta del párrafo anterior. ¿Qué significa la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París? Haciendo un poco de historia, en 1992; George W. Bush firmo la adhesión de este país a la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) lo que le permite participar en las COPs pero no lo obliga a firmar ningún acuerdo alcanzado en estas conferencias. Lo cual no lo han hecho, ni en el Mandato de Berlín (1995), ni en el Protocolo de Kioto (1997), dos de los acuerdos más representativos de estas reuniones.

En 21 años hay consecuencias visibles de la crisis ecológica y climática que se vive en el mundo, donde se calcula que más de 25 millones de personas han sido desplazados de sus territorios por problemáticas socio-ambientales, donde el cambio climático es un factor importante para este desplazamiento.

Con este panorama por primera vez Estados Unidos y China, los dos mayores responsables de emisiones de GEI a la atmósfera firmaron un acuerdo climático. Acuerdo que ha tomado más de dos años lograr poner en papel; después de muchas negociaciones, es decir que por dos años ni Estados Unidos, ni China, ni Australia, ni la Unión Europea han hecho nada por mitigar su contribución a la crisis climática; mucho menos los demás países que no están en el top cinco de los grandes contaminantes. Con esto en la mesa, la salida de Estados Unidos no significa nada para alcanzar verdaderos compromisos vinculantes, que busquen mitigar las emisiones de GEI, mucho menos en aquellas medidas de adaptación para que los daños socio-ambientales que se están produciendo se reduzcan al mínimo.

En teoría, para un sistema capitalista que busca aprovechar las oportunidades que le brinda el pintarse de verde, esta salida es una excelente estrategia de seguir culpando a un SOLO país por todo lo que el modelo está produciendo; criticar a Estados Unidos por dejar este acuerdo es tratar de borrar 21 años de fracasos con acuerdos que no han llegado a poner un alto, aunque sea mínimo al cambio climático.

Trump es un ser nefasto, oscuro, un ejemplo de lo que es el capitalismo de Estado, pero también es un estratega inteligente; ¿Qué más da cargar con la culpa? Es algo que lo sabe hacer muy bien, siempre y cuando las ganancias aumenten; de nuevo un acuerdo de este tipo tendrá nombre y apellido a quien culpar, mientras que el modelo de producción-consumo, el sistema capitalista, seguirá jugando con nuestras vidas y con la naturaleza.

Jorge Tadeo Vargas; coordinador del Laboratorio de Investigación en Desarrollo Comunitario y Sustentabilidad, LIDECS

@primaindie