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La libertad de decir las cosas

La libertad de decir las cosas

Por: Sylvia Teresa Manríquez.

I
A los hombres, a las mujeres
que aguardan vivir sin soledad,
al espeso camaleón callado como el agua,
al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado),
a los que duermen mientras sostengo mi vigilia,
a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio.
En fin, diciendo ciertas cosas reales
en una lengua unánime, amorosa;
a los niños que sueñan en las frutas
y a los que cantan canciones sin palabras en las noches
compartiendo la muerte con la muerte,
los invito a la vida
como un muchacho que ofrece una manzana,
me doy fuego
para que pasen bien estos días de invierno.
Porque una mujer se acuesta a mi lado
y amo al mundo
Poema “Donde sólo se habla de amor” de Juan Bañuelos.

****

Marzo se fue, y se llevó al poeta mayor Juan Bañuelos, tenía 84 años. Tuve oportunidad de platicar varias veces con él. Recuerdo la primera vez que charlamos, en Hermosillo en junio de 2010, estaba entusiasmado con el trabajo de las y los escritores sonorenses; además, decía que la gente de Sonora le conmovía porque sentía que entraba en contacto con el público en cada lectura.

Agradeció todas las puertas que se abren en nuestro estado para que vengan diferentes voces de otras partes del país y del mundo. Reprobaba que algunos escritores y escritoras tuvieran que callar debido a la censura. Por eso le parecía muy importante el hecho de que Sonora convoque a las y los creadores a reunirse y compartir lecturas, trabajos y puntos de vista, porque es síntoma de madurez de la gente de estas tierras; y esperaba que los gobiernos se den cuenta de esto y apoyen más a eventos culturales como los encuentros a los que él acudía.

En noviembre de 2013 se le rindió homenaje en el Encuentro Iberoamericano de Escritores “Bajo el Asedio de los Signos”, en Ciudad Obregón y se reeditó el libro Espejo humeante, que en 1968 le hizo acreedor al reconocimiento mexicano más importante en poesía, el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes.

En Ciudad Obregón Juan Bañuelos reflexionó sobre su propio trabajo, dijo que tuvo oportunidad de ver lo que ha hecho en su poesía, completamente arraigada a su pueblo indígena de Chiapas, a Centroamérica, reflejando una problemática que se ha multiplicado por todo el país.

Estaba consciente de que nos tocó vivir los años del desorden, el atropello y las catástrofes más desorientadoras que hemos vivido y de que, por fortuna, todo es cambio, por eso creía en la humanidad, en la libertad y en la verdad.

Por la filosofía se sabe y por la poesía se nace, decía Bañuelos. Proponía una poesía de visiones, que hiciera germinar la actitud revolucionaria hacia la adversidad, una actitud que cambiaría al mundo.

Según este poeta, nadie es verdaderamente artista hasta que se libra de la mediocridad del ambiente, de la vanidad y del entusiasmo barato. La poesía de hoy debe ser una violencia organizada en contra del lenguaje poético anquilosado, que está al servicio de una clase en decadencia en el poder, decía.

Se sentía víctima y cómplice del verdugo, lleno de humillación pero también de ira, se sabía poeta de su tiempo, cronista de un mundo ávido de pan y de concordia, dejando su obra poética como testimonio.

Tenemos que escribir, me dijo Juan Bañuelos, con la verdosidad que necesita México, que nos llene de concordia y de esperanza, para mantener la libertad de decir las cosas.

II

Y es que cuando poeta muere se siente como si también la esperanza amenazara con irse porque se apaga una voz que construía puentes con las palabras, más que armas. Pero cuando se asesina a un periodista, una periodista, las letras no alcanzan para formar puentes. La sensación es de opresión, impotencia, desamparo; y cuando cierra un periódico porque no existen las garantías ni la seguridad para ejercer el periodismo crítico, como publicó el diario “El Norte” en su primera plana, se siente orfandad, desahucio, como si la impunidad estuviera a punto de sepultarnos.

Se secuestra la libertad de decir las cosas.

@SylviaT Correo: sylvia283@hotmail.com

La felicidad, cosa tan rara

La felicidad, cosa tan rara

Por Sylvia Teresa Manríquez.

Pasar cinco años restringido a un solo lugar es un castigo. Cuando esos años incluyen pasar de la adolescencia a la juventud es todavía más duro, porque la vida cambia, tanto en el desarrollo físico como la situación social, económica y política fuera del lugar donde está internado.

Se ingresa siendo niño y se egresa siendo joven, con la necesidad y obligación de enfrentar a un mundo que es distinto al que dejamos.

Reflexioné sobre esto mientras esperaba a Ernesto, el joven que me tocó acompañar en sus primeros pasos en libertad. Gracias a su decisión y esmerado buen comportamiento logró reducir su condena dos años.

Suelo decir que lo importante de ayudar no es dar por dar, sino dar lo que la otra persona necesita. Porque podemos dar fácilmente lo que me sobra, pero desprenderse de algo que necesitamos para compartirlo con quien lo necesita con urgencia, es verdaderamente difícil.

Entre esas cosas que nos cuesta dar se encuentra el tiempo y la compañía. Acompañé a Ernesto cuando pudo pisar las calles nuevamente. Estuve con él tan solo unos minutos; cuando nos presentaron dentro del ITAMA, cuando le entregaron algunos textos engargolados en la copia de los trabajos que él y otros compañeros redactaron en el taller de creación literaria.

Estuve con él cuando entregaron los documentos que le dan identidad y pertenencia pues dicen que nació en Sonora y que tiene familia. Le entregaron también un poco de dinero para enfrentar cualquier gasto urgente.

Le fue devuelta la libertad que, estoy segura hoy le sabe distinta a cuando tenía 16 años y fue detenido.

Reflexioné en el privilegio de ser uno de los primeros rostros que ve en su nueva libertad. De estar con él en su egreso, comprar un boleto de autobús y acompañarlo para tomar camino rumbo a la tierra que lo vio nacer.

Sin mucho tiempo para charlar, pregunté breves cosas. ¿Te gusta escribir? Ahora sí, escribo ficción. ¿Sabes que ayer fue Día de la Felicidad? No. Yo agrego: Que mejor manera de celebrarlo que con tu sonrisa.

¿Qué vas a hacer ahora, estudiarás? Sí, adentro empecé la preparatoria abierta y así la terminaré. Quiero ser sicólogo. Me gustaría ayudar a los niños que estuvieron como yo en el ITAMA; la sicóloga me dijo que yo puedo hacerlo.

El joven no puede disimular la felicidad de estar libre, sonríe siempre. Tiene el cabello muy corto y su pantalón, camiseta y tenis son nuevos.
Reflexiono. Si como dice Kant, la libertad es un deber ¿de quién o de qué depende que todos podamos acceder a ella?

En el portal de la ONU encontré un concepto interesante: “Felicidad Nacional Bruta, FNB”. Se originó en Bután, un pequeño Reino ubicado en la cordillera del Himalaya, en el sur de Asia, entre China y la India, sin salida al mar. A inicios de la década de los 70, su jerarca, el Rey Dragón IV, con tan solo 16 años de edad, dijo que la filosofía de su gobierno sería hacer felices a sus súbditos, para ello creó el parámetro FNB.

Felicidad Nacional Bruta se utiliza en algunos países como complemento del PIB, Producto Interno Bruto. Se calcula midiendo nueve puntos: bienestar sicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno.

Además, la ONU ha propuesto 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, buscando frenar la pobreza, la desigualdad y cuidar al planeta, tres grandes problemáticas que amenazan con convertirse en tres grandes hoyos negros si no logramos detener su avance desmedido, y con ello la felicidad de los habitantes de este planeta.

En las encuestas internacionales sobre la medición de la felicidad por países, el nuestro ha ido bajando de nivel, pasó del lugar 17 al 25, según el reporte de la agencia “Desarrollo de Soluciones de Redes Sostenible”, publicado por la ONU.

Según el estudio anterior, los países más felices son los más prósperos, aquellos en que sus habitantes tienen fe en su sociedad, la desigualdad es baja y la confianza en sus gobernantes es alta. Características que más parecen anhelos que realidad, en este país.

Sin embargo, acompañar a Ernesto me recordó que la felicidad se esconde en la sonrisa esperanzada de quienes se reencuentran con la libertad. Es la misma esperanza que tenemos todos de caminar sin miedo, disfrutar del amor, sentirnos seguros, capaces de salir adelante y proteger a nuestra familia.

La misma esperanza que amenaza con diluirse en una realidad tachonada de injusticia, desigualdad, corrupción, prepotencia e impunidad.

Retomamos la propuesta de Immanuel Kant: Ser felices es un deber.

Postdata: Gracias Mara Romero por tu fe infinita en la solidaridad humana.
Felicidades Ernesto, ya sabes: siempre adelante.

@SylviaT Correo: sylvia283@hotmail.com

Ecos

Ecos

Por Sylvia Teresa Manríquez.

“Volver a Álamos significa redescubrir muchas cosas, entre ellas el por qué escribo de la manera como escribo… Álamos está vestido de siglo XIX, principios del XX, lleno de nostalgia y eso soy yo… volver a Álamos significa redescubrir que finalmente ése soy yo…”

Arturo Márquez

Regresé de Álamos llena de ecos, entrañables, cercanos. Ecos como las palabras con que inicio esta entrega, venidas de la charla con el compositor y director de orquesta alamense Arturo Márquez, que nos obliga a reflexionar en lo que somos y lo que nos deja la ciudad colonial.

Reconozco que del balance del pasado Festival Alfonso Ortiz Tirado me quedan muchos ecos positivos que no sería justo olvidar por causa de los ecos desagradables de una noche de desenfreno en la clausura del mismo evento.

Reitero lo dicho en la entrega anterior titulada “Como un poema ya leído”: Cierto que se hace mucho. Cierto también que como un poema leído muchas veces y nos suena repetido, se corre el peligro de avanzar tres décadas y retroceder dos en una sola noche.

Recordado lo anterior, justo es reconocer el arduo trabajo del gran equipo que llevó a cuestas la realización de este festival. Basta con revisar las actividades en cada uno de los foros y subsedes para encontrarse con un ejército de trabajadores y colaboradores que en la mayoría de los casos, a pesar de las jornadas arduas mantuvieron siempre el ánimo en alto.

Me dejó ecos la gran cobertura que se observó: once medios nacionales, uno norteamericano, casi todos los medios locales, y la televisora y la radio estatales; estas dos últimas presentes todos los días. Radio Sonora e ISC Radio en tres horarios distintos a lo largo de la jornada diaria, transmitiendo las voces de los protagonistas del FAOT en sus diferentes manifestaciones y quehaceres.

Ecos me quedan de las galas. El reconocimiento con la medalla Ortiz Tirado a la mezzosoprano Elīna Garanča, que sin dudas proyecta este evento a plataformas internacionales. El  reconocimiento al mérito artístico y académico del maestro  Fernando Lozano, gran director y concertador de orquesta, fundador de la Filarmónica de la Ciudad de México.

Además del reconocimiento al talento joven en la figura de Ariadne Montijo, a quien pudimos observar como una artista en pleno y decidido crecimiento profesional y que se ve ya catapultada a grandes oportunidades y escenarios. No hay que perderle la huella.

Ecos de las voces escuchadas en el Museo Costumbrista de Álamos. Reconozco  el trabajo de su director Antonio Estrada y de su equipo, que permitieron que además de sus actividades cotidianas, se realizaran un recital, una presentación literaria y transmisión diaria para radio, desde ese foro.

Un evento de la magnitud que se pretende sea el FAOT, se enriquece con las distintas manifestaciones artísticas. En el Museo de Álamos pude apreciar tanto el recital de guitarra del experimentado maestro Rubén Joelson como el recital del joven y talentoso guitarrista José Rodríguez; las delicias del ensamble de voces Cantique; los conciertos del Ensamble de Guitarras de alumnos de la Universidad de Sonora, y de la Orquesta Juvenil de Sonora, entre otros.

La oferta literaria incluyó a Alonso Vidal, Alba Brenda Méndez, Pablo Espinosa, poesía enaltecida con lenguas indígenas, el performance coreográfico de Leonor Báez, entre  otras propuestas. Todos estos ecos merecen reseña particular.

Ecos de la propuesta cinematográfica “Las delicias del cine mexicano”, ciclo en el que Mónica Luna nos acercó a quienes hacen cine,  actores, directores y guionistas.

Ecos, muchos ecos: del Callejón del Templo, de la Casa de la Cultura, de La Alameda, de la Ruta del Arte, de las artesanías y rituales de nuestras etnias. Ecos de las calles empedradas andadas a pie y en bicicleta.

Ecos que como al Maestro Arturo Márquez, nos hacen acudir al encuentro de una ciudad  sumergida en la nostalgia y al mismo tiempo en la algarabía de los sonidos.

Ecos que nos exigen respeto a las costumbres de una ciudad  que se brinda toda durante nueve días, que se colorea en las resonancias de la música, el arte y la tradición.

En nosotros está permitir que estos ecos sigan resonando en nobles afinaciones o se pierdan en irrespetuosas discordancias.

En nosotros está que los buenos ecos sigan siendo más.

@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com

Foto principal: http://www.ocvalamos.com/en/experiences

Fotos de interior: http://www.mexicoenfotos.com/antiguas/sonora/alamos/rincones-coloniales-alrededor-de-19301950-MX14649618929456/1

 

Como un poema ya leído

Como un poema ya leído

Por: Sylvia Teresa Manríquez. 

Un cielo claro.
Vuelvo por el camino
por donde vine.
Gitoku 

Esa mañana el pueblo mágico me despidió con tristeza. Sus calles, regularmente limpias, lucían llenas de basura, el rocío se ahuyentó por un olor fétido que daba la sensación de caminar por un gran urinario.

Definitivamente las despedidas nunca han sido fáciles de expresar y menos en tales circunstancias. Por eso elegí este poema del japonés Gitoku, para hablar de Álamos.

He visitado Álamos desde niña, me gustan sus calles, sus paseos, su historia y su gente. Me gusta en el verano cuando la luz del sol ilumina rotundo las paredes viejas y las ventanas misteriosas. Me gusta en el invierno cuando la gente amable y generosa ofrece además del saludo un cálido café colado.

Amo esa ciudad, la considero ideal para vivir allí la etapa de la vejez.

Por eso me entristece verla sucia y abochornada el domingo después del evento de clausura del Festival Alfonso Ortiz Tirado.

Sólo unas horas bastaron para convertirla de pintoresco pueblo colonial en la antepuerta de la expresión de bajos instintos, excesos y prepotencia.

Creo en la cultura y apuesto al arte como herramienta para aprender, crecer, fortalecer y empoderarse de la realidad, creo que no se vale atentar contra la civilidad.

Asistir a eventos que congregan multitudes no autoriza a olvidar buenas maneras y educación.

Entiendo que una parte de esta lamentable situación se debe a la falta de previsión de organizadores y autoridades y otra a quienes asistieron por gusto atraídos por la cartelera. Algo deberá hacerse para no evitar una historia tan repetida.

Es prioritario organizar con cuidado la logística del cierre en la próxima edición, porque lo merece Álamos y lo merecemos quienes la amamos, la visitamos y respetamos.

Volver a aquellos primeros años en que los eventos del FAOT empezaron a incluir “intérpretes populares” en los que la gente confundía celebración con embriaguez, será retroceso.

Nadie quiere encontrar en los domingos después del festival además de la resaca de las y los jóvenes desorientados, la resaca cultural de un evento que pierde poco a poco su espíritu inicial: la manifestación artística de la voz humana cuidada y educada en las maravillas del buen canto.

Dice Ignacio Mondaca que y cito:
“El FAOT representa, y así se lo reconoce entre el público que comprende estas cuestiones, un homenaje a la primacía de la voz cantada. Es decir, a la voz que reconoce fehacientemente la técnica que exigen la ópera y el bel canto. No está por demás señalar que en México existe una gloriosa tradición de composición musical (“música mexicana”), incluyendo la que hizo famosa Jorge Negrete, que está concebida para ser cantada por voces educadas en esa técnica maravillosa. (Técnica que, por cierto, debiera interesarnos en promover en nuestros niños y jóvenes)”.

Nacho agrega que “El arte no es elitista, es UNIVERSAL. Así como es aconsejable que los promisorios y adolescentes nadadores sonorenses los entrenemos en la técnica que domina Michael Phelps (no la que aprendimos nosotros nadando en los arroyos de la entidad), así también es recomendable que los sonorenses aprendan que el arte es un asunto de refinamiento y comprensión, no de mera evocación de nuestros ‘sinceros sentimientos’, estos sólo llevan a nuestros jóvenes, en el peor de los casos al narcocorrido, a la miseria literaria de la música popular. No es eso lo que demanda de ellos la República”.

El éxito de un evento cultural como el FAOT no radica en el impacto mediático sino en el enriquecimiento cultural que dejan durante su desarrollo y el crecimiento que han provisto a la comunidad que lo alberga durante más de tres décadas.

Una felicitación para los colegas que realizaron en Álamos “De la filantropía a la canción”, único evento que en realidad recrea y rescata la figura del Doctor Alfonso Ortiz Tirado. Una reprimenda para quienes no cuidaron la charla que se realizó sobre su vida y obra porque el auditorio del Museo Costumbrista lució casi desértico, en un Álamos abarrotado de gente el mismo sábado de cierre de nuestro máximo festival cultural.

Cierto que se hace mucho. Cierto también que como un poema leído muchas veces que nos gusta y a la vez nos suena repetido y sin más que ofrecer, se corre el peligro de avanzar tres décadas y retroceder dos en una sola noche.

t: @SylviaT Correo: sylvia283@hotmail.com

Estuvimos aquí

Estuvimos aquí

Por Sylvia Teresa Manríquez.

“… la muerte del yo es uno de los duelos más difíciles de identificar. Como cuando se es víctima en un accidente, la mudanza a una nueva ciudad, un nuevo empleo, los atracos, la pérdida de la vista o algún órgano, los divorcios, el abandono, ser ignorado para un ascenso o los cambios relacionados con la edad.”

¿Quién me comparte Esperanza?

¿Quién me comparte Esperanza?

Por: Sylvia Teresa Manríquez.

En algunas partes del mundo el 21 de diciembre se celebra la llegada del Espíritu de la Navidad, justo en el solsticio de invierno. Dicen que es una fecha especial por su “vibración magnética”.

Una quisiera que esa vibración desmagnetizara todas las armas del mundo, calibrara los corazones para la buena voluntad y trajera tiempos cien por ciento positivos y progresistas.

Este se me antoja un buen deseo para el próximo año, pero no tengo esperanza de que se realice.

158-650x519Entre todos los motivos que existen en el mundo para festejar la llegada del Espíritu de la Navidad propongo agregar el deseo de la permanencia del “Espíritu de la Esperanza”.

Porque me da la impresión de que la Esperanza se desvanece entre los seres humanos. Violencia entre naciones y entre la gente, guerras, injurias, injusticias que dividen a los países, pueblos y familias.

Violencia familiar, patrimonial, laboral, docente, institucional; de todo tipo, con los 11 que mencionan quienes estudian la violencia hacia las mujeres, incluida la feminicida.

Además de impuestos que amenazan la estabilidad económica de los hogares, prepotencia de algunos representantes de la ley; falta de solidaridad, empatía y concordia entre los habitantes que padecen los mismos problemas sin apoyarse para su solución.

Las noticias diarias informan de los intentos de gobernantes por llevar un poco de alivio a sus gobernados más marginados; apoyos económicos, techos, despensas, seguridad social, eventos para su esparcimiento.

0e120a9331a578842e90d615a345bd63Todo eso me hace cuestionar sobre el Espíritu de la Esperanza ¿Cómo hacer para que no desparezca? ¿Cuántas personas más comparten mi desazón?

Sé bien que no carecemos por completo de los sentimientos, valores y derechos que deben permear nuestro diario vivir y que se promueven principalmente en diciembre, sino que parece que cada vez están más en desuso.

Reconozco que existen seres extraordinarios que me sorprenden por su limpieza de espíritu, voluntad decidida y férrea esperanza en los valores nobles del espíritu humano, pero son los menos.

Los reconozco en cada amigo, amiga, que se acerca para ofrecer apoyo en las enfermedades, en cada elemento de la familia que no nos deja caer cuando hay problemas, en esos pocos seres invaluables en la comunidad que se detienen ante las propuestas poco honorables y rechazan la corrupción. Esos que van marcando con dificultad el camino azaroso de la Esperanza.

runner-ofrece-aguaNo es que sea pesimista, yo también creo fervientemente que el amor, la alegría, la concordia y la paz, logran mucho más que la apatía, el acoso, el odio, la corrupción y la violencia.

Algunos rituales para recibir al Espíritu de la Navidad aconsejan ordenar y limpiar la casa; reflexiono en lo difícil que es mantener nuestra casa-comunidad-ciudad ordenada.

Tener una estrella de varias puntas en casa en esta fecha simboliza que todos esos sentimientos nobles nos irradien y contagien.

Quizá si llenamos de estrellas las ciudades, logremos que se abran ojos, oídos y voluntad de los que pueden y deben cuidarnos, para darnos más que Esperanza: la certeza de que somos ciudadanos protegidos y respetados.

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El Barrio

El Barrio

Por: Sylvia Teresa Manríquez.

“Oye”, me dijo mi hijo, “¿ya supiste que se murió Alberto el vecino?”

“¿Cuándo que no me di cuenta?” Fue mi respuesta.

El vecino falleció y yo me enteré dos días después. Reflexiono en los días de infancia, cuando el barrio era comunidad. Ese acercamiento que sin invadir nos hacía sentir unidos, sensibles a la que sucedía en casa de los vecinos, prestos a ayudar en lo que se requiriera.

Aquel tiempo en que el delito y el crimen no nos habían arrebato las calles y cuando niñas y niños podíamos jugar en la banqueta, en la calle, sin temor. Recordé también cuando dormíamos en el patio de la casa porque nos sabíamos seguros, nadie amenazaba nuestra integridad.

Eso es el barrio. Vecinos y vecinas que se organizan y se dan cuenta cuando alguien está enfermo, solo o necesitado, lo mismo que cuando hay boda, bautizo o graduaciones.

barrio2El barrio es esa unidad que da seguridad para exponer, exigir y defenderse. No identifico el momento exacto en que, por lo menos yo, lo perdí. Cuándo dejé de darle los buenos días a la vecina porque salía muy apurada al trabajo, tanto que no supe que su esposo murió.

Por eso escuchar a Carlos Sánchez cuando habla sobre las historias de su libro “La ciudad de soul” me hace reflexionar en ese valor de fraternidad que tiene el barrio y que mis hijos ya no conocieron.

Carlos dice que hace rato que se viene empecinando en contar la vida de los otros, que quizá es como la necesidad de rendir un tributo a esas personalidades del barrio, que cumplieron su ciclo, desaparecieron de forma trágica, cruel, a veces en el anonimato o en el olvido.

Y es que no es fácil hablar de la vida cuando se creció en un barrio bravo. Curiosamente es aquí donde se potencializa la camaradería, ese tipo de hermandad que se refuerza en el reconocimiento de las mismas necesidades: comer, amar, sobrevivir.

Ese barrio en el que, como dice Carlos, se abre la puerta de la casa para platicar, o para dar oportunidad de bañarse o lavar la ropa, cuando no se tiene donde pasar la noche; donde alguien se quita el bocado para dárselo a su perro, esos personajes del barrio que tristemente cobran dimensión cuando se mueren, como mi vecino Alberto.

De las nuevas generaciones pocas personas valoran esta especie de hermandad, no la conocen, pocos han disfrutado la cascarita de futbol, jugar a la cuerda, la bebeleche o la matatena. Saludar por las mañanas o al atardecer, compartir la comida del día con los vecinos nomas por gusto, o pedirles un poco de azúcar cuando la de casa se terminó.

img-20160731-wa0009Menciono estos detalles para señalar que en esta falta de atención, perdemos mucho más que el simple saludo. Estamos perdiendo los lazos que nos dan fuerza y unidad a la hora de defendernos de la inseguridad de la que nos quejamos casi a diario.

En el Diccionario del Español de México, de El Colegio de México, dice que el barrio es la zona de una ciudad, delimitada por su ubicación geográfica, por alguna característica de la gente que vive en ella, por alguna peculiaridad suya o por su historia, por ejemplo barrio de la Ley 57, El Mariachi, La Olivares, el Centro, Las Pilas  o Los Altares.

La historia del barrio nos da identidad, identificación, fuerza y unidad. Al identificarnos podremos entender las problemáticas comunes que como ciudadanos enfrentamos. Podremos establecer dialogo con las autoridades de mejor forma, plantear y exigir ante injusticias y necesidades a veces tan elementales como calles alumbradas y atención policiaca oportuna, sensible y eficaz.

Si no nos identificamos como barrio, colonia o ciudadanos con problemas y añoranzas comunes, nos iremos sumiendo cada vez más en el mar violento del desamor al prójimo, del desinterés por los problemas del otro que al final de cuentas son los mismos de todos y todas.

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A mí no me importó: Texto sobre el Día Internacional para la Tolerancia

A mí no me importó: Texto sobre el Día Internacional para la Tolerancia

Por: Sylvia Teresa Manríquez.

Primero se llevaron a los comunistas
pero a mí no me importó
porque yo no era.

En seguida se llevaron a unos obreros
pero a mí no me importó
porque yo tampoco era.

Después detuvieron a los sindicalistas
pero a mí no me importó
porque yo no soy sindicalista.

Luego apresaron a unos curas
pero como yo no soy religioso
tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí
pero ya es tarde.

Bertold Bretch (Ahora me llevan a mí)

*****

Vi en televisión un reportaje sobre los migrantes haitianos y su largo camino por México para llegar a los Estados Unidos; 240 dólares al mes no les alcanzan para sobrevivir en su país; sin embargo, pagan 200 dólares a un “coyoto”, como le llaman ellos al “coyote”, la persona que ofrece pasarlos ilegalmente al país del norte, sin saber si llegarán o los dejará abandonados en medio de la nada. Me siento tan lejana a esa realidad, no es la mía, digo.

burkini-banOigo las declaraciones de algunos líderes calificando como ciudadanos de segunda o tercera clase a compatriotas que viven en los Estados Unidos y como me siento lejana, no hago caso solo oigo porque no soy yo, me digo.

Me despierto cada día con noticias que muestran a las mujeres tratadas como objetos de úsese y tírese, aunque me doy cuenta de esa terrible realidad, pienso que no es la mía, no es a mí a quien sucede, me digo.

Notas locales nos informan que Sonora ocupa el segundo lugar en incidencia de alcoholismo en adolescentes y seguimos viendo para otro lado porque es problema de ellos, no nuestro, decimos.

Seguimos haciendo como que no vemos, no oímos y somos tolerantes ante lo que requiere nuestra acción.

Pero la tolerancia sí es asunto nuestro, porque no se vale ejercer el  odio, desatar campañas que atentan contra la integridad de comunidades completas.

Hagamos un brevísimo ejercicio. Si le preguntan qué opina de la comunidad LGBTI (Lésbico, Gay, Bi, Trans e Intersexual) sin que usted forme parte de ésta ¿Qué responderá?

Y si le preguntan por una religión distinta a la suya, una etnia, o gente de distinto color ¿Hablará de tolerancia?

gayEn el Diccionario de la Real Academia Española dice que la Tolerancia es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Pregunto dónde está este respeto si seguimos señalando, acusando, discriminando y violentando abiertamente a los “otros”, a quienes son distintos.

El 16 de noviembre se conmemora el Día Internacional para la Tolerancia, una fecha que a mí me preocupa porque la existencia de este día dedicado a resaltar la importancia de un valor constantemente en debate, indica que estamos fallando, que como seres humanos aun tenemos mucho que aprender para convivir en armonía con quienes no son, ni piensan, ni actúan como nosotros.

Somos intolerantes cuando nos desesperan las y los ancianos que caminan lento, las personas con algún tipo de discapacidad, quienes tienen que vivir en la calle y pedirnos ayuda, quienes vienen de otra ciudad o tiene color de piel distinto al nuestro.

Esto nos produce miedo, coraje y hasta prepotencia, porque se asume que Tolerancia es sinónimo de consentimiento, permiso o aprobación de algo que nos asusta e incomoda.

Creo que no hay tolerancia cuando ignoramos a quienes tuvieron que venirse de migrantes, o en las actitudes racistas que hemos normalizado en nuestra vida.

Y que decir de la tolerancia pasiva, esa que se da cuando decidimos que mientras no nos afecte todo puede seguir como está.

frente-nacional-familia-valle-toluca_milima20161108_0423_8La Organización de las Naciones Unidas nos propone la “Tolerancia activa” la que nos invita a hacer un esfuerzo para comprender a los demás, hacer a un lado miedos, prejuicios y resentimientos.

Urge el cambio radical en la manera de pensar y sentir.

Cuando veo los resultados bárbaros de guerras que acaban con familias completas tengo la sensación de que aceptarnos y respetarnos es una utopía. Luchar contra la intolerancia es difícil pero no imposible.

Nos toca demostrar que la tolerancia activa es posible, esa tolerancia que nos invita ser solidarios y convivir con respeto y justicia, para que cuando vengan por nosotros no sea demasiado tarde.

 

 

El muro de Berlín 27 años después, historias de familia

El muro de Berlín 27 años después, historias de familia

Por: Sylvia Teresa Manríquez.

Cada aniversario del derrumbe del muro de Berlín recuerdo a mi abuelo Agustín que nació en Colonia a orillas del río Rin, en Alemania.

Mi abuelo obtuvo la ciudadanía mexicana. Su padre fue un militar mexicano destacado en aquel país durante la primera guerra mundial, allí conoció a su esposa Dolores Loweree.

mur-berlin-9Debido a lo difícil y peligroso de los territorios en guerra el capitán Ochoa decidió traer a la familia a México. Mi abuelo Agustín no dejaría mi país nunca.

Mi madre me entregó el acta de nacimiento original de su padre, digna de un museo, una hoja amarilla y partida por el paso del tiempo, con palabras inentendibles para mí que no comprendo el idioma alemán.

Ese documento me llena de emoción. Es como tener la certeza de mis raíces, la explicación del color blanco de nuestra piel, los ojos azules de mi madre, y tal vez, del carácter duro y difícil, por no decir testarudo, que a veces me aflora. Ese documento es el lazo entre mi presente y un pasado intenso, que solo conozco por historias y relatos.

No sé cómo ni por qué Agustín vino a Sonora. Lo que sí sé es que se enamoró de mi abuela y tuvieron dos hijos. Un día mi abuelo los dejó solos, se fue al Distrito federal, hoy Ciudad de México y no regresó.

En mi adolescencia decidí que quería conocerlo. Emocionada y con incertidumbre escribí una carta en la que le explicaba quien soy, le hablé de mi madre, mi padre y mis hermanos, mi deseo de conocerlo. Él me contó en su respuesta la impresión que le causaron mis letras.

Fue la primera de varias cartas que intercambiamos. Él me narraba episodios de su vida, su familia en el DF, su enfermedad llamada enfisema, me escribía poemas, y de su gusto por conocerme, aunque sea por carta.

1447073840_131917_1447088563_album_normalYo narraba mis días de secundaria, los acontecimientos familiares y mi deseo de darle un abrazo. Mi abuelo murió antes de que yo pudiera conocerlo.

Por eso el aniversario de la caída del muro de Berlín me recuerda a mi abuelo Agustín; nunca le pregunté qué pensaba sobre tal aberración.

¿Sentiría tristeza por su país dividido? ¿Guardaría acaso algún buen recuerdo de su natal Colonia? No lo sabré, pero adivino que celebraría conmigo la desaparición de tan ofensiva barrera, el muro de la vergüenza.

A él no le tocó que los habitantes de una misma ciudad, divididos por fuerza, tuvieran distintos pasaportes, dependiendo del lado del muro en que les había tocado seguir viviendo. Dos países, una nacionalidad.

Trato de imaginar a las familias reuniéndose, encontrando que después de 40 años las cosas habían cambiado. ¿Cuántos familiares no pudieron reencontrarse? ¿Cuántos niños y niñas habrán crecido sin entender la existencia del muro? O peor aún, haciéndolo parte cotidiana de su vida.

Amores perdidos, ilusiones truncadas. Sabores, olores, texturas y hasta colores que se fueron perdiendo.

Añoranzas también me asaltan cuando se habla del Día del Cartero próximo a celebrarse en nuestro país. Destaco y valoro el trabajo y la dedicación de los carteros que cumplen con su trabajo a pesar del tiempo, los perros, la inseguridad y lo que a usted se le ocurra.

Anhelo que las y los jóvenes conozcan el dulce saborcito de recibir una carta escrita especialmente por puño y letra de alguien que nos aprecia, nos recuerda y espera a su vez tener en sus manos nuestras palabras escritas en papel, no en una pantalla de computadora o celular.

Tengo en mi historia muchas cartas. Guardo especialmente las cartas sentidas y entrañables de mi abuelo Agustín.

1467244977392La primera la envié con temor de no recibir respuesta, la última con incertidumbre después de meses sin recibir sus misivas. Otra carta de un primo que no conozco informando el deceso del abuelo, que, escribió, siempre me recordó.

Por eso las cartas son encuentro, certeza de nuestras raíces, algo que no he logrado sentir en las populares redes sociales; que además, hacen que el trabajo de los carteros se limite a entregar citatorios y estados de cuenta.

Las cartas, escritas en cualquier tipo de papel, a máquina o a mano, letra de imprenta o manuscrita; guardadas en sobres con estampillas que nos brindan imágenes representativas de nuestras costumbres, verdaderos cuadros de la vida y sentimientos de quienes escribimos y quienes las leemos.

Las cartas forman parte de ese bagaje palpable que representa el lenguaje escrito, en invaluables trozos de papel enviado por correo ordinario o aéreo, que triste e irremediablemente pierde presencia en este pequeño mundo “internetizado”.