Author Archives: Columna Voltear la hoja

Nadar

Nadar

I

Una crónica

Se baña pegadita a la orilla, para no resbalar, para no caer hasta el fondo. Reflexiona sobre esto al mirar las gotas de agua que caen en los charcos de la calle. No se hunden, se adhieren sin derramarse.

No pasa el ruletero. Llegará tarde por su hija. Apenas dos años y sus travesuras incesantes.

No ha vuelto a la alberca con sus amigos. Ya no la invitan.

Hay humedad. Piensa en el calor que también agobia a su hija. En su casa tiene cooler, en la de su vecina no, allí la deja mientras sale a trabajar.

La joven madre es delgada, pálida, taciturna. De estatura regular y facciones finas. Quién sabe por qué tiene los ojos verdes, si ni su padre ni su madre los tienen de color. Su hija sí.

Al llegar a su casa deberá lavar, teme que la llovizna empape las prendas y estarán mojadas. De ser así, no habría manera de utilizarla en la jornada del día siguiente.

Su ropa de trabajo es más breve que sus trajes de baño. En el table dance no requiere más.

Sube al ruletero con el dinero en la mano. Es inevitable que al abordar el camión la alegría sea porque falta menos tiempo para el reencuentro con su hija. Mira al cielo, y agradece por tenerla.

El trayecto es largo, la colonia donde habita es nueva, una cerrada con viviendas pequeñas y calles estrechas. El ruletero la deja en la entrada.

Apresura el paso para llegar por su hija. A veces alcanza a escuchar su risa antes de tocar la puerta.

Hoy hay quietud. Sonido de gotas en el tejaban. En la televisión un programa de chismes faranduleros es estruendo.

Pregunta por ella. Está jugando en el patio, le dicen.

No la oye. No la percibe alegre y traviesa como suele ser.

¿Dónde? No la veo.

Varias cubetas guardan el agua. Una se volvió trampa mortal para la curiosidad de un ángel.

Su emoción se fusiona con la mente, ambas giran y al detenerse, concluye: no aprendí a nadar, no aprendí a nadar.

II
La crónica sigue tan vigente como cuando la escribí, hace algunos años, observando que historias como esta se presentan en cada ciudad de este país.

A veces reflexionamos. Qué si el servicio de transporte urbano, qué si la distribución del agua potable, qué si el calor, qué si las oportunidades para los jóvenes, qué si el embarazo de adolescentes, qué si los valores, qué si el apoyo familiar, qué si los

prejuicios, qué si la violencia.

Mientras decidimos cuál es más urgente atacar, la vida sigue su curso. Cada día el mañana nos encuentra perdidos en una maraña de discursos políticos, sociales, que distraen de necesidades urgentes.

Pienso que más fomento a la lectura asertiva e inteligente, más arte brindada como herramienta en el aprendizaje, deberían ser materias elementales en la educación básica.

Cierto que de entrada no quitan el hambre, también cierto que el arte y la cultura, incluida la lectura, forman seres sensibles, capacidad de crítica y mejores posibilidades de enfrentar esta cotidianidad violenta e incierta en la que sobrevivimos.

@SylviaT sylvia283@hotmail.com

 

A la vuelta de cualquier esquina

A la vuelta de cualquier esquina

Por Sylvia Teresa Manríquez

Me llegará lentamente
y me hallará distraído
probablemente dormido
sobre un colchón de laureles…
Con unas hebras de plata
me pintará los cabellos
y alguna línea en el cuello
que tapará la corbata.
Aumentará mi codicia,
mis mañas y mis antojos
y me dará un par de anteojos
para sufrir las noticias…
A lo mejor, más que viejo
seré un anciano honorable,
tranquilo y lo más probable,
gran decidor de consejos
o a lo peor, por celosa
me apartará de la gente
y cortará lentamente
mis pobres, últimas rosas.
Fragmento del poema La vejez de Alberto Cortez

Dice mi amigo Esteban que la vejez nos toma desprevenidos, porque ahorita es el momento en que los adultos de cuarenta años y más deberíamos tener ya, una casa propia, una pensión decente, un carro propio, y previsto qué haremos para los cuidados de salud que seguramente requeriremos cuando los años nos alcancen.

Propone crear comunidades o colonias donde, en la etapa de la vejez podamos vivir entre amigos, asegurarnos entre nosotros mismos las condiciones necesarias para sobrevivir con dignidad, y ser además, autosuficientes.

Piensa en departamentos adaptados a la vida de las personas adultas, lavandería, biblioteca, área médica, espacios de esparcimiento, como los centros que existen en otros países; en un ambiente de respeto, solidaridad y ayuda mutua.

Él cree que al vivir en grupo seremos capaces, protegernos, ayudarnos, hacernos compañía y asegurar que las necesidades básicas sean cubiertas, así se podrán resolver los problemas fácilmente y no se dependerá de hijos e hijas que puedan o quieran cuidarnos.

En las cifras brindadas por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en la Encuesta Intercensal 2015, dice que en México hay 12.4 millones habitantes; las personas de 60 y más años, representan poco más del 10% de la población total.

En Sonora no es diferente la estadística pues de los pocos más de 2 millones 850 mil habitantes que vivimos en este estado, 300 mil tienen más de 60 años, o sea casi el 11%.

Las cifras son engorrosas, cansadas, pero necesarias, porque nos ayudan a entender como somos y proyectar como seremos.
Por ejemplo, números del INEGI también indican que el 11% de las personas mayores viven solas. Según datos de 2014, más de la mitad los ingresos a los hospitales por hipertensión arterial fueron personas adultas mayores. Además, mueren más mujeres que hombres mayores de 70 años por este padecimiento.

La encuesta también señala que a inicios del 2016 solo el 30% de las personas de 60 años y más tenía trabajo. Además, casi el 30% de las personas en ese sector de población tiene algún tipo de discapacidad.

Cuando llegue el momento, quiero ser una persona que ya no tiene trabajo porque estaré disfrutando de una merecida jubilación; quiero acudir a los centros médicos para confirmar la buena salud; quiero que los encuentros con hijos e hijas sean para convivir y celebrar la vida y no alrededor de una cama de hospital.

Sin embargo, sé que en este momento en este país, no todas las personas adultas mayores gozan de las condiciones que les aseguren una vida en condiciones dignas. La falta de trabajo hace imposible la obtención de jubilación o pensión; no hay medios suficientes para asegurar, por lo menos, alimentación, vestido y techo. Además, el cansancio de quienes deberían ver la tarea de cuidar a sus mayores con entusiasmo se convierte en frustración e impotencia. Vale mencionar que las políticas públicas existentes no garantizan vida digna a quienes más la necesitan.

Por eso me gusta la idea de mi amigo Esteban, comunidades en las que vivir la última etapa de la vida sea algo digno y de merecido gozo.

Porque para todos la vejez está a la vuelta de cualquier esquina.

@SylviaT sylvia283@hotmail.com

 

 

¿Qué hace falta?

¿Qué hace falta?

Por Sylvia Teresa Manriquez.

I

En Agua Prieta, Sonora, hace unos años, un artista de la guitarra clásica ofreció un concierto. Un pequeño niño quedó impactado con las sensaciones que le producían las notas, los acordes, la destreza y entrega del músico; le gustaron tanto que en ese momento decidió que él también se dedicaría a eso.

José Rodríguez apoyado por su padre, buscó la manera de aprender guitarra y dedicó su tiempo a estudiarla. Viajó a Morelia donde actualmente se perfecciona. Lo conocí en Álamos, Sonora, durante el concierto que ofreció en el Museo Costumbrista en el marco del Festival Alfonso Ortiz Tirado.

Dice que uno de sus sueños es volver a Agua Prieta y tocar para las y los niños de su ciudad natal, porque está convencido de que el arte y la cultura cambian a la gente, como le sucedió a él.

Si más artistas, más músicos clásicos, dijo, llegaran a ciudades como esa frontera, habría menos niños y niñas atrapados en la delincuencia.

II
José Manuel Avalos tiene 18 años, está convencido que quiere ser escritor y a eso se ha dedicado desde hace algunos años. Dice que de niño no le gustaba leer porque lo obligaban a hacerlo, recuerda que en la primaria no veía a sus profesores tomar un libro y leerlo, le enseñaron a leer porque tenía que hacerlo, no por gusto.
Dice además que hay muchas ideas y estrategias para fomentar el gusto por la lectura pero hace falta que se apliquen de la manera correcta para que funcionen. Del gusto por la lectura él pasó a la escritura como un proceso natural de disfrute de leer.

Cada libro que lee lo sorprende: de dónde salieron las ideas, cómo se hizo, ojala a él se le ocurriera algo así, piensa, aunque está consciente de que apenas empieza en este quehacer. Sabe que su momento llegará, trabaja para vivirlo.

Dice José Manuel que un mundo sin literatura sería muy aburrido. La vida es un cuento que todos vamos a vivir, agrega.

III
Ignacio Mondaca García también es joven, le gusta el arte de la guitarra clásica, A él su papá le enseño desde niño a tocar boleros y música popular, pero descubrió el arte de la música clásica y sus aspiraciones cambiaron. Dice que las palabras o las letras no le llegan mucho pero la música sí.

Comenta que desde niño la música lo impactó, se hizo consciente de que ese impacto lo hace mejor persona. Siente que la música mueve a la gente porque es como un lenguaje subconsciente y por eso es posible comunicarse a través de ella, dice.
Ignacio está seguro que si somos perseverantes en ser mejores siempre, el mundo cambiará.

IV
A Loreana Navarro también le gusta la música, es compositora e intérprete. Estudió la Licenciatura en Derecho, pero cuando conoció la música de cerca, dice que entró en una nueva dimensión y decidió que eso quería hacer. Terminó su carrera de derecho y ejerce como abogada, pero prefiere escribir canciones y cantar de forma profesional. Ya no puedo dejar la música, dice, no se puede vivir sin ella.

V
Yo, como muchos niños y niñas de mi generación, aprendí canto sólo lo que se requería para poder cantar en quinto o sexto grado en aquellos concursos interescolares que muchos han de recordar. También lo que proveyó el coro de la iglesia. En secundaria me tocaron clases de danza folklórica y teatro, y en la preparatoria fue mucho menos, sólo un semestre de dibujo.

Aprendí de lo poco que se impartía en la educación pública, mientras las niñas y niños de escuelas privadas pudieron aprender a tocar guitarra o piano, danzar ballet y pintar en lienzos.
Se necesita vocación y mucho empeño para adquirir el gusto por el arte cuando no se ha fomentado desde la infancia. Lo vemos a diario, cuando se desdeña enseñar arte, considerándola una pérdida de tiempo y recursos.

Las cosas no han cambiando mucho. Es triste, doloroso y deja sensación de impotencia reconocer que las niñas y los niños que acuden a escuelas públicas tienen muy poca oportunidad de conocer el arte y dejarse llevar por él. Es terriblemente más fácil que sean seducidos por las horas ociosas de la calles.

Esta familia que ves

Esta familia que ves

Por Sylvia Teresa Manríquez

Esta familia que ves
es la cosa más común,
de no ser porque Saúl
que colecciona sombreros,
cuelga cien en un perchero
y mete cien al baúl.
Fuera de eso, todo bien:
Saúl es papá de Beca
que colecciona muñecas
(aunque no pasen de cien)
y que es muy afortunada,
porque dice que también
es hija de Gamaliel
(que no colecciona nada).

“Dos papás”, dice la gente
con un ataque de tos,
y Beca dice “¿Perdón?
Si somos inteligentes
es una gran colección
tener un par de papás:
tienes más que los demás
aunque tengas solo dos”.

(Fragmento de “Esta familia que ves” de Alfonso Ochoa y Valeria Gallo)


Este es un libro que utilizo en el fomento a la lectura porque facilita hablar de una realidad en la que vivimos desde hace mucho, muestra la diversidad de familias en que nos desarrollamos. El autor es Alfonso Ochoa y la ilustradora Valeria Gallo. Ellos formaron un gran equipo para la realización de este libro, que nos brinda la pauta para entender los cambios que hemos sufrido en el paso del tiempo.

Es un libro infantil, pero definitivamente lo recomiendo para personas adultas que no terminan de comprender cuantos tipos de familia existen actualmente en cada ciudad de nuestro país y en cual creen que ellas mismas están viviendo.

Dice Alfonso Ochoa que los niños y niñas de hoy cuestionan, hacen preguntas, por ejemplo cuando fallece alguien quieren saber porqué murió; es probable que cuando vean caminar a dos señoras que son pareja sus preguntas sean sobre cuál es la relación entre ellas en lugar de evadir temas que a las personas adultas les resulta difícil explicar.

Valeria Gallo dice que escribir ese libro no fue adelantar a los niños y niñas a ningún estado, fue tratar de ayudar a los papás y mamás, para responder al estado en que se encuentran los y las menores, a lo que hablan, preguntan, la realidad que viven.

Medito en los resultados de la Encuesta Nacional de los Hogares (ENH) 2016, publicada por el INEGI. Destaca que el tamaño promedio del hogar es de 3,7 integrantes (4 para fines prácticos), y que el 89% de los hogares son del tipo familiar.

La inquietud es con la definición de “Tipo familiar”, desde la perspectiva de la ENH son los hogares en los que al menos uno de los integrantes tiene relación de parentesco con el jefe del hogar. Además, se aclara que el 11% restante son del tipo no familiar, ninguno de los integrantes tiene relación de parentesco con el jefe del hogar.

Se omite decir “Jefe o jefa del hogar”, quizá porque la misma ENH precisa, en alguno de sus apartados, que del 89% de los hogares tipo familiar el 27% la jefatura corresponde a una mujer.

Un dato curioso: Sonora es el estado con el mayor índice de hogares con jefatura femenina con el 36%.

La Encuesta Nacional de los Hogares 2016 ofrece mucha información, como que el 56% de los hogares cuentan con ambos padres, el 17% son monoparentales y 26% son hogares familiares con hijos e hijas.

La ENH tiene tres grandes tópicos: Identificación de hogares en la vivienda, características de las viviendas particulares habitadas y características educativas de los integrantes del hogar.

No hay algún apartado donde se mencionen los diferentes tipos de familia que se observan hoy día, que explique que el concepto de familia no es universal y que su composición ha cambiado a través del tiempo.

En un día en que se conmemora la Diversidad Sexual, vale recordar los tipos de familia existen en México, según que plantea el Investigador Humberto López Romo, del Instituto de Investigaciones Sociales: parejas jóvenes sin hijos, padres y madres mayores de 60 años, reconstituidas, padres del mismo sexo, unipersonales, y extendidas.

Todo para reconocer que así como se plasma en el libro de Alfonso Ochoa y Valeria Gallo, familia es la que funciona, la que nos une, que nos hace sentir seguros, felices y orgullosos de ser, aunque a veces no exista parentesco sanguíneo.

@SylviaT Correo: sylvia283@hotmail.com

 

Humanos sin color 

Humanos sin color 

Por Sylvia Teresa Manríquez 

Señora, señora -me dijo un niño, -tenga cuidado, esa niña la va a hechizar- y señaló a una niña albina sentada junto a mí. 

Acostumbrada a observar discriminación y racismo hacia indígenas, gente pobre, con alguna enfermedad, gente de color, adultos mayores, sexo, y muchos otros motivos, no me había detenido a pensar en la gente albina hasta el momento en que aquel niño me hizo patente el prejuicio y los tabúes que existen alrededor de las personas con esta condición. 

 

Hace unos días la ONU nos invitó a tomar conciencia de que las personas con albinismo son víctimas de la ignorancia, incluso de los profesionales de la salud. Y es que su apariencia ha hecho que se tejan a su alrededor falsas creencias, supersticiones, que los marginan y excluyen socialmente. 

El asunto es serio, según ese mismo organismo internacional que concentra información de asociaciones de la sociedad civil, las personas con albinismo son víctimas de asaltos, mutilaciones y asesinatos por lo menos en 25 países del mundo, principalmente en el continente africano. 

Aunque en nuestro país no se tiene noticias de tal grado de violencia, no significa que no se les haga víctimas de discriminación  y marginación. 

En África se tiene la superstición de que algunas partes del cuerpo de las personas albinas otorgan poderes mágicos, lo que ha provocado que se les ataque y su vida esté en peligro constantemente. 

Es importante propagar la información de que el albinismo no tiene nada que ver con enfermedades o limitaciones. Consiste solamente en la ausencia de pigmentación en piel, cabello y ojos. No es contagioso pero si hereditario y congénito, se presenta cuando ambos padres son portadores del gen que lo transmite, aunque ellos no presenten los síntomas. 

Las personas albinas son propensas a padecer problemas en los ojos, como intolerancia a la luz y movimientos involuntarios, así como lesiones en la piel por la exposición a la luz del sol, algo que conocemos bien quienes vivimos en este soleado estado. 

Además de los  anteriores riesgos para su salud, las personas con albinismo se ven obligadas a sobrevivir a la falta de conocimiento de quienes les toca convivir con ellos. Si razonamos en que cualquiera puede ser portador del gen sin saberlo la perspectiva cambia, porque a nadie le gusta que alguno de sus hijos sea discriminado o violentado por carecer de color en la piel. 

Qué tal si combatimos la apatía, negligencia, intolerancia, prejuicios y violencia con información, solidaridad y amor al prójimo ¿Será muy difícil? 

Tomemos conciencia: las personas sin color en la piel son tan seres humanos como nosotros mismos. 

@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com  

Suena el viento

Suena el viento

Por Sylvia Teresa Manríquez

Suena el viento
a la voz de un hombre muerto
a lamento de mujer
a perro herido
a tormenta en cada puerta
a vidrio roto.

Suena y llega
a volarme la cabeza
a morderme la razón
a enfriar mi cuarto
a inventar en qué mentirme
a ver si grito.

(José Cruz, Real del Catorce)

I

Cada 7 de Junio uno se pregunta que hay que conmemorar. Las cifras de los acontecimientos diarios acumulan datos que dan la certeza de más deudas que logros.

José Cruz –Real del Catorce- escribió “Suena el viento”, en memoria de Manuel Buendía, periodista mexicano asesinado el 30 de mayo de 1984, convirtiéndose en el primer crimen de narco-política, según expresó Andrés Becerril al cumplirse treinta años de este crimen.

En la página de “Casa de los Derechos de Periodistas” se manifiesta que de Manuel Buendía a Javier Valdéz, han ocurrido 218  crímenes contra periodistas en México; seis asesinatos en los primeros cinco meses de este 2017.

Entre celebraciones y reconocimientos, se necesitan acciones que den seguridad en la realización de la profesión de periodista. Se promete reforzar la Fiscalía Especial de la PGR; modificar leyes que persiguen a periodistas; propiciar diálogos. Mientras esto se logra las agresiones siguen acumulándose.

Pasa un largo año para que se reconozcan trayectorias periodísticas, se enaltezca el trabajo, profesionalismo, valentía, entrega, de quienes ejercen esta labor, mientras que solo pasan días entre las agresiones, incluidas la desaparición, secuestros y asesinatos.

Cada 7 de Junio la pregunta sigue siendo ¿Qué vamos a conmemorar las y los mexicanos? El miedo y la censura no se celebran.

Necesitamos esclarecimiento de crímenes, certeza de justicia, condiciones para ejercer el periodismo claro y libre que este país y sus ciudadanos merecemos.

II

Mi vecina barre su banqueta cada mañana. Acostumbra dejar el montoncito de basura a un lado de su casa, en mi banqueta. Como yo no barro todos los días, esa basura se desordena y vuelve a su banqueta original. La vecina nuevamente barre y acumula a un lado.

Esa sensación me dejaron las palabras de la Ministra de Relaciones Exteriores venezolana Delcy Rodríguez, en respuesta a las declaraciones de su homologo mexicano Luis Videgaray sobre falta de democracia en aquel país.

La canciller expresó: “Narcotráfico, asesinato de periodistas y violencia social convierten a México en uno de los países más peligrosos del mundo… es hoy uno de los países más desiguales de nuestra Región, comprometiendo seriamente el buen funcionamiento de la democracia”.

Como mi vecina y mi banqueta. Si ella deposita su basura en su cesto, y yo barro más seguido mi banqueta, terminaremos ese círculo que nos tiene incómodas y en riesgo constante de un conflicto.

Claro, las relaciones entre países son algo menos doméstico, pero ¿no le parece que en la base el problema es el mismo? Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Acá en casa tenemos muchísimo de que preocuparnos; hoy, por lo pronto, de la auténtica libertad de expresión.

@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com

 

Miedo

Miedo

Javier Valdez Cardenas

Por Sylvia Teresa Manríquez.

¿Por qué matan a los periodistas? – preguntó

Guardé silencio. Un cúmulo de explicaciones acudieron a mí, sólo respondí – les tienen miedo.

Dice el Diccionario del Español de México que el miedo es la sensación que se experimenta ante algún peligro, posible daño o ante algo desconocido, y que se manifiesta generalmente con pérdida de la seguridad, actitudes poco racionales, temblor, escalofríos, palidez, entre muchas otras reacciones.

Titila sobre la luna su mirada

Titila sobre la luna su mirada

Por Sylvia Teresa Manríquez

Dormido sobre la tierra, espantado va su sueño, titila sobre la luna su mirada, de maestro.

Dos alas negras siniestras rompieron el corazón el día que se llevaron a mi hijo sin razón.

No, no, no, no se lleven a mi hijo, no, no, no, el dolor come mis huesos, no, no, no, frío está, todo es invierno.

No puedo más que buscarte porque vivo te perdí y vivo quiero encontrarte. 

Fragmento de la Canción de cuna oscura.

La oaxaqueña Geo Meneses interpreta esta canción de Neiffe Peña, autora venezolana. Quise iniciar esta entrega rescatando unas estrofas de “Canción de cuna oscura” porque en una fecha como la que se conmemora hoy, presenta una reflexión urgente, soslayada impunemente.

Se dice que el corazón de las madres es inmenso, que todo tiene cabida y que puede soportar todos los dolores del mundo y hasta una debacle mundial; lo único más difícil de soportar es la pérdida de un hijo, una hija. Las madres mexicanas ven desparecer a sus hijos con frecuencia escalofriante.

Sin duda, la pérdida de un ser querido duele, la de un hijo, una hija, cuando se debe a una desaparición, además de dolor es incertidumbre y coraje, intensos, difíciles de aguantar durante mucho tiempo.

Las madres mexicanas han tenido que padecer pérdidas que no se solucionan. Soportan humillaciones, maltratos, vejaciones, en su justa exigencia de respuestas.

Mientras mis hijos me abrazan pienso en esas mujeres a quienes no las abandona la esperanza de volver a tener de nuevo en sus brazos a la hija o hijo desparecidos; seguras de que volverán, sin saber cuándo ni si vivos o muertos.

Mientras abro obsequios pienso en las puertas que se les cierran a cada paso, en su imperiosa necesidad de encontrar ayuda en la búsqueda de respuestas que den consuelo a su desasosiego.

Al compartir el pastel, la comida, se hace difícil pasar bocado cuando se recuerda a tantas mujeres mexicanas a quienes el dolor les quita el hambre.

Los pasos entre obstáculos son difíciles, lentos, pero no imposibles. Cada puerta que se cierra obliga a tocar más, cada mordaza hace surgir más voces, y aunque las armas de fuego obligan a detenerse, nada puede contra una madre que encuentra esperanza en cada pequeña pista, porque ya no tiene más que perder.

Para estas mujeres la discusión más importante sobre el diez de mayo no se cierne en los conceptos de maternidad, maternaje y maternazgo, ya los conocen, los aprendieron de golpe. Se centra en su derecho a saber qué pasó con sus hijos, donde están y porque les fueron arrebatados.

La exigencia es el derecho de ver salir y regresar a casa a sus hijos, sanos y en libertad. El derecho a recibir respuestas si algo les pasa. El derecho a dejar de vivir en una tierra que nos cobije en vez de atemorizarnos.

Hace ya mucho tiempo que las madres mexicanas sentimos temor si el hijo, la hija tiene que estudiar lejos, trabajar fuera, salir de noche, hacer un alto en el regreso a casa.

Hace mucho que necesitamos opciones de estudio apropiadas, oportunidades de trabajo dignas. Hace mucho que intentamos mostrarles a nuestros hijos que en el mundo hay justicia y libertad, porque hablar de paz y fraternidad es algo cada vez más difícil.

Quizá mi madre sintió temor cada vez que algo retrasaba mi llegada a casa. Este miedo se magnifica hoy, que no sabemos si volverán los hijos cada día a casa.

Muertos, ejecutados y desaparecidos no eran cosa de todos los días. Las madres hemos tenido que aprender a enseñar sobre el peligro de un secuestro, cualquiera que sea su origen.

Pienso esto, en esta fecha, y deseo poder ver regresar a casa a mis hijos cada día, lo mismo que deseo que la justicia haga que tantas madres mexicanas vean regresar a los suyos vivos, porque vivos los vieron partir.

Imagino que titila sobre la luna su mirada esperanzada en el regreso.

@SylviaT   Correo: sylvia283@hotmail.com

De cruces y jornadas

De cruces y jornadas

Por Sylvia Teresa Manríquez.

I

Hace algún tiempo visité la población de El Adivino, municipio de Mazatán, Sonora. Era un 3 de mayo y había celebración. Había tres grandes cruces en lo alto de una loma.

Prepararon sonajas con bules o guajes y botes de aluminio. Las muchachas en procesión subieron la cuesta, algunas iban descalzas porque habían hecho alguna manda. Unos pasos para adelante y otros para atrás al ritmo de la caminata y de los matachines.

En muchos pueblos sonorenses esta es una tradición importante. Llegan los ausentes desde otras ciudades, se les recibe con algarabía para celebrar a la Santa Cruz. En el sur del estado yaquis y mayos practican ceremoniales; en el altar mayor de las iglesias luce la Santa Cruz, multitud de veladoras y flores. Cantos, rezos, baile de pascolas que inician el dos de mayo, juegos pirotécnicos que dan forma a un castillo.

Devoción, tradición y fiesta en una fecha en la que los albañiles y trabajadores de la construcción también agradecen la fortuna de tener trabajo colocando una cruz adornada con flores en el lugar donde realizan sus labores.

Pase lo que pase en nuestro entorno, la fe ofrece el espacio para la celebración. Olvidan los problemas mientras agradecen lo que se tiene, se pide por la salud, la prosperidad y por supuesto, por el trabajo.

La celebración del Día del Albañil precisamente en el Día de la Santa Cruz, provoca la reflexión en la importancia de este oficio y, que, como se construyen nuestras viviendas y edificios, así se forjan desde abajo los cimientos de nuestra vida en sociedad.

El tres de mayo es una fecha para celebrar todos con el mejor de los ánimos, porque ¿Qué sería de Sonora, de México, sin ese ejército de mujeres y hombres que como los albañiles dan la batalla diaria en una realidad cada vez más difícil?

II

Me gusta visitar San Luis Río Colorado porque se está convirtiendo en un polo cultural de nuestro estado. Llegué para ser testigo y participe del esfuerzo de un grupo de ciudadanos que creen que el fomento a la cultura es buen camino para avanzar.

Cada año el Doctor Rubén Meneses y el equipo que coordina muestran que en la frontera norte hay  mucho más que problemas, y las Jornadas Binacionales Abigael Bohórquez son la prueba.

Es cierto que no se otorgan los mismos apoyos que antes, pero para quien cree fervientemente en el quehacer cultural y artístico esto no es un impedimento para organizar unas jornadas que ya van en su edición número veintiséis.

Lo importante, dice el Doctor Rubén Meneses, es realizarlas independientemente de si hay o no apoyos inmediatos. En esta ocasión se contó con el respaldo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, FONCA, a través de un proyecto de coinversión, lo que implica la participación de terceros a través de aportaciones económicas o en especie. Esta modalidad permitió que los organizadores pudieran recibir a creadores, literatos y académicos el 27 y 28 de abril.

En esta ocasión se habló sobre el cine y la literatura, lo chicano, lo fronterizo y lo mexicano; por segunda vez se otorgó la Medalla Abigael Bohórquez reconociendo la trayectoria de la escritora y cantante de jazz Rosina Conde.

Dice el Doctor Meneses que el encuentro tiene la intención de unir ambos lados de la frontera (Sonora-Arizona), y provocar la fusión entre lo académico y lo creativo, permitiendo que se expanda el sentido mismo del encuentro: unir.

Una cualidad importante es acercar a las y los escritores a las escuelas y el Cereso de san Luis Río Colorado, haciendo posible que los creadores aporten calidez y experiencia, y a su vez aprendan de este contacto con estudiantes sanluisinos.

Más que cansancio se observa entusiasmo, emoción, en las personas que organizan estas jornadas culturales. Algo que se contagia y que nos hace pensar que, aun en condiciones difíciles, adversas, la cultura se abre camino.

@SylviaT

Correo: sylvia283@hotmail.com

La libertad de decir las cosas

La libertad de decir las cosas

Por: Sylvia Teresa Manríquez.

I
A los hombres, a las mujeres
que aguardan vivir sin soledad,
al espeso camaleón callado como el agua,
al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado),
a los que duermen mientras sostengo mi vigilia,
a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio.
En fin, diciendo ciertas cosas reales
en una lengua unánime, amorosa;
a los niños que sueñan en las frutas
y a los que cantan canciones sin palabras en las noches
compartiendo la muerte con la muerte,
los invito a la vida
como un muchacho que ofrece una manzana,
me doy fuego
para que pasen bien estos días de invierno.
Porque una mujer se acuesta a mi lado
y amo al mundo
Poema “Donde sólo se habla de amor” de Juan Bañuelos.

****

Marzo se fue, y se llevó al poeta mayor Juan Bañuelos, tenía 84 años. Tuve oportunidad de platicar varias veces con él. Recuerdo la primera vez que charlamos, en Hermosillo en junio de 2010, estaba entusiasmado con el trabajo de las y los escritores sonorenses; además, decía que la gente de Sonora le conmovía porque sentía que entraba en contacto con el público en cada lectura.

Agradeció todas las puertas que se abren en nuestro estado para que vengan diferentes voces de otras partes del país y del mundo. Reprobaba que algunos escritores y escritoras tuvieran que callar debido a la censura. Por eso le parecía muy importante el hecho de que Sonora convoque a las y los creadores a reunirse y compartir lecturas, trabajos y puntos de vista, porque es síntoma de madurez de la gente de estas tierras; y esperaba que los gobiernos se den cuenta de esto y apoyen más a eventos culturales como los encuentros a los que él acudía.

En noviembre de 2013 se le rindió homenaje en el Encuentro Iberoamericano de Escritores “Bajo el Asedio de los Signos”, en Ciudad Obregón y se reeditó el libro Espejo humeante, que en 1968 le hizo acreedor al reconocimiento mexicano más importante en poesía, el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes.

En Ciudad Obregón Juan Bañuelos reflexionó sobre su propio trabajo, dijo que tuvo oportunidad de ver lo que ha hecho en su poesía, completamente arraigada a su pueblo indígena de Chiapas, a Centroamérica, reflejando una problemática que se ha multiplicado por todo el país.

Estaba consciente de que nos tocó vivir los años del desorden, el atropello y las catástrofes más desorientadoras que hemos vivido y de que, por fortuna, todo es cambio, por eso creía en la humanidad, en la libertad y en la verdad.

Por la filosofía se sabe y por la poesía se nace, decía Bañuelos. Proponía una poesía de visiones, que hiciera germinar la actitud revolucionaria hacia la adversidad, una actitud que cambiaría al mundo.

Según este poeta, nadie es verdaderamente artista hasta que se libra de la mediocridad del ambiente, de la vanidad y del entusiasmo barato. La poesía de hoy debe ser una violencia organizada en contra del lenguaje poético anquilosado, que está al servicio de una clase en decadencia en el poder, decía.

Se sentía víctima y cómplice del verdugo, lleno de humillación pero también de ira, se sabía poeta de su tiempo, cronista de un mundo ávido de pan y de concordia, dejando su obra poética como testimonio.

Tenemos que escribir, me dijo Juan Bañuelos, con la verdosidad que necesita México, que nos llene de concordia y de esperanza, para mantener la libertad de decir las cosas.

II

Y es que cuando poeta muere se siente como si también la esperanza amenazara con irse porque se apaga una voz que construía puentes con las palabras, más que armas. Pero cuando se asesina a un periodista, una periodista, las letras no alcanzan para formar puentes. La sensación es de opresión, impotencia, desamparo; y cuando cierra un periódico porque no existen las garantías ni la seguridad para ejercer el periodismo crítico, como publicó el diario “El Norte” en su primera plana, se siente orfandad, desahucio, como si la impunidad estuviera a punto de sepultarnos.

Se secuestra la libertad de decir las cosas.

@SylviaT Correo: sylvia283@hotmail.com